7 de febrero de 2017

Callejón sin salida

No sé sinceramente que pasa en el mundo en el que vivimos. 

En México, la clase política no deja de sorprendernos (a la mala) todos los días. Corrupción, inefectividad, insensibilidad a los problemas sociales, robos a destajo, incrementos en todo, menos los sueldos, estudiantes desaparecidos y un largo etcétera. 

Cuando crees que nada peor podía pasar, salen a la luz versiones sobre un ex gobernador que se robaba el dinero para medicinas en su estado, lo que ocasionaba que a niños enfermos de cáncer se les suministrará solo agua destilada, haciéndoles creer que era su quimioterapia. 

Para agravar el coctel, el pueblo, la gente, las masas, la sociedad, no coopera mucho que digamos. Durante años vivimos en un ambiente de apatía, de indiferencia, quizá hasta de miedo, si cabe la palabra. Pero el nivel de fechorías que se presenciaban y se sufrían alcanzó niveles impensados y las protestas callejeras fueron inevitables... Hasta que un grupo de impresentables aprovecharon las marchas en todo el país para sacar sus frustraciones destrozando y saqueando lugares, quién sabe si también pagados por alguna mano oscura. 

En el plano internacional las cosas no pintan mejor, para nada, tal vez hasta peor. A la silla presidencial del país más poderoso del mundo, llegó un demente arrogante, narcisista, xenofobo y sexista, dispuesto a dinamitar el orden mundial establecido desde finales de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo era la salud mental de los estadounidenses que eligieron como su líder a este sujeto, de pelo ridículo y discurso escalofriante? Claro, muchos de los que lo eligieron, blancos sin preparación académica y enojados con el sistema, se vieron afectados por las crisis financieras internacionales y el mundo necesita un reajuste, pero la mano se les fue. No hay explicación. 

Allende el Atlántico el panorama es desolador. Con la salida de Reino Unido de la Unión Europea, las relaciones comerciales, económicas y diplomáticas del Viejo Mundo se comienzan a quebrar. El otrora modelo supra nacional, que se creía invulnerable, se colapsa. Alemania sufre a diario con los refugiados que huyen de los horrores yihadistas, Francia no encuentra otro remedio ante el fracaso del socialismo y la amenaza terrorista, que refugiarse en el ultra derechismo del Frente Nacional, Holanda entrando al escabroso del populismo conservador y nacionalista, Italia sin rumbo, España en el gobierno frágil sin apoyos. Un desastre por donde se vea. 

Con las venas abiertas de América latina vaciándose por escándalos de corrupción en Brasil, las pifias de un empresario que juega a ser presidente en Argentina y en Colombia la gente votando en contra de La Paz, ¿qué podemos esperar?. 

Con este panorama, ¿de verdad hay espacio para ser optimista? No lo creo, no veo por dónde. Hay puntos en los que me gustaría decir como Mafalda "paren, me bajo del mundo".


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