30 de noviembre de 2012

Chocoflan o helado napolitano éramos los dos [2]






[PARTE 1 AQUÍ---]

La ciudad, en plena área metropolitana, rebasa las cinco mil unidades de transporte colectivo, repartidas estratégicamente para cubrir todas las rutas necesarias en esta jungla de concreto.
Las posibilidades contundentes de que yo me la tope, a ella, a la Alemana, en una parada de camión, fueron y serán tan inverosímiles como mi relación con la misma.
 No la quise de momento, el encuentro fortuito de nuestro conocimiento quizá fue un afecto plantado, su vida corría peligro (se encontraba en un profundo trance), y yo buscaba obligaciones... razones justas por las cuales la vida nos puso en el mismo sendero.
¿Pero por qué volverla a encontrar? ¿por qué mi hermetismo e indiferencia se fueron desarrugando hasta convertirse en una suave manta que alojaría su amor? ¿cómo evitar que la vida me siguiese juntando con ella... G r e t c h e n, un nombre snób, siempre prefirió ser nombrada Grecia, o Greys, su condición de extranjera siempre contrastó con mi piel tostada, chocoflan o helado napolitano éramos los dos.
       Hice la señal de los autobuses, venía un complejo tándem, sostenía a mi amigo etilizado, y de reojo miraba a Gretchen. Caray, ¿qué hacerle, me reconocería?
Pensé muchas cosas en ese instante, pensé en evitarla... por un momento dije que cualquier compromiso con el azar terminaría por ahogar mi vida, sé que ella morirá anciana, sé que contar esta historia no valdría la pena si la vida no fuese cruel con los designios del amor.
Mi apartamento está a cuadra y media, ella está esperando un camión o un taxi en el crucero principal, mi amigo, Wilfredo (otro snob extranjero de nombre Wilfreud a quien llamo Wilfredo a secas), está vomitando al pormayor.
¿Qué probabilidades existen? Menudas matemáticas, menudo azar, todo es una conspiración.

Gretchen, en ese entonces no sabía tu nombre, en ese entonces quizás tú, sentada en la parada, pensabas muchas otras cosas.
Qué va, recargué a Wilfredo en la acera. Taxis pasan a toda hora, ella está a unos veinte metros de mí, mismos de altura aquella noche sobre el edificio, pero aún no me ha visto.
Me acercaré tímidamente, mejor, total, el destino nos juntó.
Voy caminando lentamente, ella anda ida, ya son menos pasos y luego suena un cláxon.
Un tipo rudo, de larga melena castaña y pinta de fresón le ha sonado el cláxon, ella le ha sonreído.
Tranquilo, Elías. - me digo a mí mismo.- quizás es su hermano, además, la vi una vez, las probabilidades de que sea el amor de mi vida son una entre quizá unas treinta.- tranquilo, ya se va, quizás es su hermano.- me repito.

En eso Gretchen le sonríe, le da un tibio beso... Oh congelación de corazón. Dí una media vuelta mirándolos de reojo.
Gretchen me vio, y sin la menor sorpresa me hizo un guiño con los ojos.
Sé perfectamente que sabía quién era... uno no olvida a quien lo rescata, uno no olvida a su amor platónico.
Volví con Wilfredo, andaba algo mal, se quejaba apuntándose a alguna parte de su estómago, vaya que la cosa se ha puesto grave, al diablo el camión. He pedido un taxi, lo llevaré al hospital...

Hay un embotellamiento terrible en la avenida, unas cuadras más y averigüaré qué sucede...

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. Una gran continuación Míkel, me agrada como se transforma la trama jajajaj :D

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Póngase su traje y tanque de oxígeno, sea bienvenido a La Luna.

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