6 de septiembre de 2012

La invasión de la tristeza




Natalia nació un 25 de abril de no sé qué año, era blanca como la nieve y tenía dos grandes pedazos de cielo en la cara.

A su llegada al mundo las nubes grises cubrieron todo,  “Natalia trae desgracia” así decían los del vecindario…

Siempre enferma creció entre las cuatro paredes de esa habitación que quien sabe cuántos secretos alberga, sus únicos compañeros eran esos feos zanates que se posaban en el árbol que está frente a su ventana, ella los alimentaba con las migas de la comida que yo pienso le llevaban, colocaba su manita esquelética en la ventana para que las aves comieran.

Una noche escuchamos gritos aterradores provenientes de la casa de la niña esa, la verdad es que nadie quiso poner atención, ni ocuparse del problema, a mí sí me preocupaba Natalia, pues me envolvía el misticismo de su vida.

Después del incidente, pasaron varios días, no se veía movimiento alguno, todo lucia tranquilo, sólo la presciencia tétrica de Natalia no estaba presente en la ventana.

Los chicos decían que alguien había matado a sus padres y que sus cadáveres yacían en el interior de la casa en plena descomposición, mientras que Natalia agonizaba al pasar los días, por la falta del suministro de medicamentos. Sin embargo los mayores decían que eran problemas de familia. 

Caminando de regreso después del colegio, pase frente a la casa de ella, en efecto la duda me comía, de repente apareció la mano de Natalia y admire sus pedazos de cielo, ¡qué ojos tan hermosos! Al instante los zanates se acercaron a ella para comer pero no había nada en su mano, vi como comenzaban a quitar la piel que ya casi tenía pegada a los huesos, Natalia no se quejaba, incluso creo que ya no sentía, el impacto me llevo a mirarla fijamente, era como si me dijera en silencio que necesitaba ser parte de esas aves para ser libre por lo menos una vez y vivir en seres ajenos, en un instante todo se cubrió de plumas negras, me era imposible distinguir los cuerpos de los zanates, Natalia estaba siendo devorada por ellos.

Me fui corriendo con el asombro en las venas, llegue y se los conté a todos, pero ellos dijeron que horas antes habían visto salir a sus padres junto con ella de la casa, llenando con maletas el auto, yo jamás lo creí, yo vi como Natalia se integraba a su libertad y como el sol salía al dejar de sentir esa enorme invasión de tristeza.

Es una escena difícil de borrar de mi cabeza, me pregunto: ¿Dónde estás Natalia?







-JPS-
Con la colaboración de Gabo Montaño

10 comentarios:

  1. Jooooo primera en comentar :) jajaja me gustó mucho, hay veces en que las formas más terrenas nos aprisionan, es increíble el tipo de sacrificios que uno es capaz de realizar para liberarse, saludos poéticos. (:

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  2. Gracias por sus saludos poéticos y por gustarle lo que desprende mi locura ;D

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  3. Increíble, simplemente increíble, la redacción, la composición de las ideas, la imágen tétrica-liberante.
    Me pongo de pie, srita. Jessy, este texto salta de la pantalla.


    Hacía mucho que no leía algo semejante, quiero decir semejante como lo más cercano a una definición de que ha sido maravilloso, esto es maravilloso.

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  4. Coincido con Mik, es simplemente fantastico. Sin aliento, una escena tras otra; es genial.

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  5. No cualquiera hace que sus textos salten a la realidad de esa manera, como lo haces tu.
    La imaginación utilizada como recurso.

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  6. Increíble, me has hecho volar la imaginación en un par de escenas tétricas pero extraordinarias.

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  7. Lo imaginé claramente...
    Muy bonito.

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  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  9. Lo leí en 2012, lo leo ahora en 2014 y opino exactamente lo mismo. Increíble.

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Póngase su traje y tanque de oxígeno, sea bienvenido a La Luna.

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