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5 de mayo de 2013

CARTA A RAPHAEL, PARA RAFAELA



Qué tiempos Raphael, mirar atrás y repasarnos y hacer nuestro balance en su justa medida: fueron buenos tiempos. Éramos inocentes, arrebatados, intempestivos, en suma: jóvenes. No es que no lo seamos ahora, pero el tiempo y las experiencias nos van forjando una visión y un carácter del que carecíamos entonces; me refiero a la liviandad con que tomábamos las cosas, contradictorio pues porque hacíamos los grandes dramas y cosas de nada eran nuestras grandes preocupaciones y complicaciones, quiero decir que el tiempo, ese fluir implacable nos otorga perspectiva.

¿Te acuerdas cuando nos la arreglábamos para hacer transgresores, borrachos, audaces? Aunque lo viví bien, y después lo que me forjó ha sido significativo, a veces también me gustaría despertarme en ese estado de ánimo, no contar sino soplar las velitas del pastel, enamorarme cada estación, ver cada situación como una posibilidad y no como un determinante.

Supe que andas pasando un mal tiempo, o a lo mejor es que se van acumulando cosas que se trasladan a una situación concreta y sólo hay que releerse para comprender, para echar a andar. En estos tiempos es fácil encontrarnos, que otros hagan que nos encontremos, después de tanto tiempo sin tener comunicación parece casi una intromisión, pero ya ves, ahí siguen los viejos afectos. Me entrometo aludiendo a la amistad de antaño; pero es por eso mismo, porque si me sitúo en aquellos años, teníamos una amistad y compartíamos, nos reíamos, divertíamos, emborrachábamos, rabiábamos juntos y dijimos: ahí estaremos. 

Todos teníamos el derecho de irnos, de reinventarnos, de saldar los errores cuando tomamos cuenta de ello. De cualquier forma, el compañerismo sosiega, aunque te parecerá una llamada de atención: hay una niña ahí que merece ser la inspiración que te devuelva la lucidez para no rendirte, para recordar que tus sueños ahora la incluyen a ella y que vale la pena andar el día y la noche, el presente, la vida con alegría para Rafaela.


-Areli Betania 

27 de abril de 2013

El día en que volvieron las cigarras




R. R.:

Cariño, han sido varios meses de los dedos quebrados. Recuerdas que siempre me decís que no los pusiera en el marco de la puerta? La he molado y ahora solo puedo teclear la vieja máquina de tu padre con la mano izquierda. Detesto esa mano, es torpe como mis palabras cuando me miras con tus sueños dorados  a través de la niebla en la autopista.
Te escribo porque aquí en  la llanura he encontrado algo. Desde el accidente he tenido tiempo para pensar, demasiado tiempo, recuerdas el sonido atronador del silencio cuando son las noches de verano, que ni los grillos salen a frotar sus patas obscenamente; el ruido que provoca la nada? Ese hueco? Pues creo que lo tengo cariño. Mire el tejado una tarde y estaba ese sonido, agujero en el cielo, cielo. Mi mente no podía ejercer palabra alguna, por cachi de la franca estuvo dando vueltas en alguna parte de mi alguna palabra que no podía mencionar pero que sabía y así supe lo que había sucedido el día del accidente. Lo que te paso a ti.
Es extraño, pero uno escucha sin saber oír y uno saber sin saber saber. Lo que no es extraño es querer sin saber hablar y hablar para saber querer, que no es lo mismo, para conseguir que la luna se vuelva un poco más amable; si, sabes de que hablo, si uno sabe querer entonces la marea subirá hasta los ojos y no dejara ver pero si dejara oír el eco sordo de lo que se sabe antes de saber que se sabe y que no se puede decir pero que se puede hablar; ese vacío cariño, eso que escuche ayer con la mano rota y tirado en la alfombra que trajo tu madre desde Barcelona, es el amor enfermo. Y es fácil perder la cabeza por algo que no está pero que llena.
Por eso te fuiste.
Esa perra está loca, fue lo último que pensé al verte partir con Marcel y a hoy lo sigo pensando. Cómo pudiste abandonar la casa cuando Dios vigilaba? Como sea, ahora lo sé porque he escuchado lo que no se oye pero se sabe. Así es esta vez estoy del otro lado del camino, en el lado oscuro del día, y todas aquellas cosas que sabía ahora las he olvidado y estoy de pie ante el atalaya con las manos cruzadas esperando que la exigencia de la cañada deje de ser amplia y pueda largarme como tú lo hiciste con ese bastardo un día de mayo, si, cuando su madre se hizo de cáncer.
Ahora sé que entonces supiste lo que tenías que hacer y eso te hace una perra loca. Soy un perro loco. Quizás rabioso, pero he decirte que no me he marchado porque tengo miedo, miedo de que todas esas cosas vienen de adentro y nunca de afuera. El amor no nace de las vísceras cariño, sino que se construye como parcela. No es la idea de media noche ni el seno inflamado que nunca te amamanto. No es lo que te hace falta y que yo y él tenemos, ni mucho menos lo que hueco es y se busca para estar de vuelta. No cariño, no me he ido no por falta de valor o voluntad, sino porque sé que allá no hay luna porque se vive en ella, y no hay marea y no hay aire y no hay nada más que Marcel y tu recostados en la playa admirando el infinito con el gesto idiota de un par de amantes que están juntos porque la vida es una puta guacha.
Te escribo para decirte que te entiendo pero no quiero que vuelvas.
Papá ha muerto, hace un par de semanas. Yo sé que el murió para ti cuando tenías 6 años. Sé que Marcel es tu amante y tu padre. Supe que su madre murió y prometiste cuidar a su hijo por la eternidad. Sé que lo dijiste convencida, pero recuerda cariño que aunque cierres la boca o la abras, está siempre será un hueco y tus palabras son huecas. El corazón es un hueco que se retuerce y no puede tener aire en su interior.
Ven a su tumba, fue la condición para la herencia, no es mucho, pero esta ese reloj que se quedó sin pila hace siete años, el día que te fuiste, el día del accidente, el día en que llegaron las cigarras.

S. S.

23 de abril de 2013

Postales en tristura y astrolabios infinitos



14 de Noviembre de 2013
Ciudad Juárez, Chihuahua, Mx.

Raphael Rafaela:

¿Nos hemos vuelto a encontrar de nuevo?; A veces me acuerdo como miraba las membranas de tu contemplación trabajando sobre diminutas pepitas de calabaza pinturas intrascendentes de la edad del amor en tu taller de cobre, de los cielos que seguían cayéndose en invierno como cuando tus papilas descubrían un olvidado Marc Chagall del 83; en ese entonces sólo pasaba por tu taller revuelto de pinturas, carmesí, ira, aire solano, granate, malva mentira, pía perla y azul pluvial en los verdosos de tus ojos danzantes. Extraño como cantaba la lluvia sobre los techos de lámina en la solitaria llanura donde cohabitábamos, extraño nuestras escapadas al cinema del monasterio en Saint-pierre, perdí tantas veces contigo mi reloj que no importaba la hora, nunca fue tarde, jamás fue demasiado pronto, las horas eran una gota de sudor corriendo por tu rostro.

¿Continúas trabajando en el taller? ¿Sigues viendo el atardecer desde la azotea de los apartamentos abandonados de Necochea, ya no nos veremos en Díaz Vélez? ¿me has dejado alguna carta abandonada debajo de las esperanzas mensajeras de las ciudades diminutas del D.F en los asientos de los aeropuertos? Ojalá sí, porque cada día hace más viento, cada día estoy contando traslaciones de tormento, extraño la vida de tus ojos, los huracanes de tus penas, los viajes fluidos de nuestras competencias con besos joviales... ¿te sigues quedando dormido por las ventanas de skype?

Hecho de menos tus brazos cubriendo lo insondable de mi nada, el pasado sólo piensa en los recuerdos y la melancolía me inunda, cierro los ojos y parece que todo lo que hago es lo que veo, cierro los ojos estando tú sin estar, me duelen las pestañas de tanto que no sueño, te extraño en este tren rumbo a Bordeaux ya que jamás podré ver tu sonrisa quieta; iré tal vez a pintar caras a los hombres cazadores, escucharé plañideras y magdalenas y sumaré soledades con extraños en bares donde se beben los errores.

Hoy es tu cumpleaños, ¿podré ver tus gafapasta, cruzaremos la llanura y veremos los mares de la luna, volveremos a tocarnos mientras nos damos el beso más triste del mundo? ¿a donde se remiten los sueños que no llegan a sus dueños?, espero regalarte algo, regalarte algo que no cualquiera da en el mundo, algo que no conoce Viktor el hombre más sabio de Reikiavik en el monte perdido, algo que no se descarga en un ipad, ni es un toque de media noche a la puerta de tu cuarto, algo que no es ruido de animales en peligro de extinción en el apartamento #703 de la calle Valor, algo que no es alcohol, comida congelada ni un oso de peluche gigante que te diga mi amor. No es la vista en los bosques azules donde solías beber cerveza danesa, no es donde dormíamos y leíamos historias de hojas destrozadas en un volskswagen; mi regalo es simple, un quita-desvelos, un alguien-comonadie, un quema-fríos, el rompe-distancias más eficaz, el teamo-yteveo lejos más perfecto, le llamaré elimina-casualidades y esperaré a que esto no haya sido sólo un encuentro. Sigue con tus 28 años, sigue pintando en tu taller de cobre y sonetos, sigue igual de cansado con el tiempo, sígueme hablando en postmoderno-pluscuamperfecto, cántame coplas de Nacho Vegas con tonos de Pucho el vetusto, sigue así nunca te vuelvas perfecto, no ser perfecto te hace más real, más humano, no persigas la perfección porque el día que dejemos de vernos como hoy, el universo que es un caos y no es perfecto se paralizará preguntándose de nuevo ¿qué fue todo esto?, tal vez las estrellas no vuelvan a mirarse nunca; yo no sabía de ti sabes, pero que bueno es lo bueno de saberlo, que bueno es que me contaran que escribías poesía, que cantabas defectos con la virtud de un sol naciente, que pateabas la vida desafiante y que tocabas la guitarra pero no hablabas demasiado porque la gente no te creería... ahora no saben que tú y yo tenemos un secreto...

Postdata: Te cantaré desde mis sueños y tal vez te acuerdes... "Fui tan importante para ti que nunca te imaginé tan lejos, ¿cómo pudimos llegar a perdernos?" à Bientôt, Petites bises!‎

Atte: La chica que un día escribió en un trozo de cartón.

Enviado hace 14 minutos.
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