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4 de febrero de 2013

El placer de lo prohibido

Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo


Cuando la pasión se desata y no hay nadie que pueda detenerla.

Cuando el sabor de la piel se hace excitante y adictivo...

Cuando el roce de los cuerpos eriza cada poro de la piel...

Cuando el calor de cada caricia enciende el fuego que hay en tu interior.

Cuando lo prohibido se hace placentero e inevitable...

Cuando la pasión trasciende las barreras de lo que es correcto.

Donde no importa como seas, de donde vengas, de que sexo seas y solo importe la pasión y el amor entre ambos.

Cuando cada beso se vuelve más adictivo y fogoso...

Cuando cada mordida se transforma en un acto más sensual y tormentosamente gustoso.

Cuando las miradas de ellos se encuentran y solo puedan ver fuego y culpabilidad... pero a la vez picardía...

Ya nada los detiene, porque el placer de lo que esta prohibido es lo único que quieren sentir.

"Porque lo prohibido es placentero"

Luis Eduardo Soto Tovar

31 de enero de 2013

Como Animales

El erotismo en su versión mas intima y romántica cuando te  sientes unido por el placer junto a esa otra persona amada basta un beso en el lugar correcto para quemarse, una caricia segura para perder la razón y el suspiro del otro para hallarse en el cielo. 








Descubriéndose como animales, viéndose el uno al otro, oyendo el rozar de sus cuerpos la respiración agitada y el alma yéndose, tocándose en lo desconocido, oliendo el perfume perfecto, saboreando la piel ajena y la boca deseada; Sintiéndose como animales sin haber perdido el corazón.

27 de enero de 2013

Alicia precoz.


Es Enero y ahora llueve, ¡Que las gotas no arruinen la fiesta, que las gotas no arruinen la fiesta! Predeterminarme toda la tarde del Viernes de ayer y la mañana de hoy, asegurarle a mamá Lila, y madre que estaríamos seguras y sería una celebración más de cumpleaños de chiquillas de catorce años, con pastelillos, gorros llamativos y confeti de colores, inocentes. El sexo que palpita, los senos erectos, cuentos eróticos y la falsedad de Red tube en la Web, todo esto para darle el mejor cumpleaños a Elle. 

El sexo, aún siendo el siglo XXI, es un tabú para nosotras, en la escuela y en la casa, para Elle y para mi.

Aún puedo recordar la primera vez que tuve un encuentro, literal, cercano con el sexo: se trataba de Mauricio, el viejo jardinero de la casa, él me conocía desde chiquilla y siempre sentía alegría al verlo llegar, que llegará y me cargará para abrazarme, o que me llenará de besos. Fue  hace cuatro años cuándo llegué de unas vacaciones en China durante dos meses, él abrió la puerta y me abalancé hacía él, me llevó cargando desde el largo pasillo del jardín a la casa, cuando me dejo caer en el sillón, su cadera quedo de frente a mi, pude notar algo abultado entre  el pantalón  de su overol azul y viejo, luego un calor se acuñó entre mis piernas y llegó hasta la cabeza, alguien entró a la sala pero apenas lo percibí. Lo próximo que escuché es confuso, mi mamá gritando, Mauricio gritando, gritándome. Mi mano curiosa sobre su pene erecto. Madre me mando a mi cuarto, hasta el anochecer. Cuando llegó padre me dio la primera y última paliza de mi vida, mientras me gritaba: ¡Pervertida! ¡Precoz! Eres una pequeña ramera, ¿O qué? Fueron sus últimas palabras, al día siguiente estaba muy compungido conmigo pero ya no sirvió de nada porque a los dos años siguientes murió de un cáncer de próstata al que llamé Karma.

Ahora sólo llovizna y ya casi son las ocho, hora en que cité a la única invitada, con el único propósito. Hace una semana le sugerí a Elle que hiciéramos una fiesta para celebrar sus trece. Se resistió. Alicia, ya no soy una niña, mi madre no querrá que haga ninguna fiesta, no podremos invitar a Raúl, ni a sus amigos, no nos permitirán ni siquiera poner música. No te preocupes, Elle, realicémosla en mi casa. Sonrisa malévola número sesenta y nueve.

Suena el timbre, soy la única alma que está en esa casa, mi corazón palpita, mi sexo palpita. Olvidé todos los tips para calentar a una mujer, el plan trazado, ¿me le abalanzó y la beso? ¿Le hago entrar? ¿En mi cuarto? ¿La sala? ¿La bañera? El timbre insiste. Me miro en el espejo: vestido de fiesta, piernas depiladas, suaves, zapatos de charol, cabello en un chongo, olor perfecto, los pechos que sobresaltan, el gorrito de fiesta desacomodado apropósito. Abro, sonríe, sonrió, siento como la sangre sube a mi cabeza. No hay nadie, pregunta. Niego con la cabeza, levanto los hombros. Notó su expresión lúgubre, le digo que nada pasa y la invito a entrar. Luce hermosa. Estamos sentadas en la sala. Su vestido es de flores y flores que dibujan su silueta, el cabello negro y largo por sus hombros.

La última charla que tuvimos sobre sexo, escondidas en el baño del colegio, me confeso que tenía muchas ganas de saber como era, de besar unos labios, de recrear imágenes de Hasta el viento tiene miedo, el remake, aclara y luego me sonríe coqueta. La comprendí en todo, a pesar de que la vergüenza no me hizo decir nada.

Y ahora estamos aquí, solas, tomo un libro para aparentar. Me incorporo y la miro, me mira. Noto su respiración agitada. Mi mano se dirige a su pierna, la acaricio, pone su mano sobre la mía para detenerme, la retiro con suavidad y vuelvo a acariciar, está vez recorro la mano arriba y abajo. Me acerco y tomo su cara, voy a besarla y el timbre suena. En ese momento. Invité a Raúl, dice y se levanta corriendo, mientras se alisa el vestido, para abrir.







Martha C.

26 de enero de 2013

Miss Lucía [microrrelato]



Nicodemio Ruvalcaba mejor conocido como "Nikoboy" había llegado tempranísimo a su clase de inglés, ningún alumno de secundaria vacilaba en decir que la maestra estaba más que buenísima, figúrate: 27, aparentemente soltera, delgada, cabello oscuro largo más abajo de los hombros, piel blanca y labios rojizos, voz endulzante.
Definitivamente el sueño de todo escolapio puberto. Todos los impropios chavales de la bolita no se zorreaban su clase nomás porque les latía un buen, casi siempre llevaba falda (no tan mini pero tampoco tan monja) y con tan sólo verle los tobillos o parte de la pierna, los chicos se alborotaban.

Naturalmente las chamacas del salón la tildaban de golfa, las pocas chicas del grupo 21-H del bachillerato en mecatrónica se sentían apocadas con la presencia de Miss Lucía, quien había querido ser aeromoza en su juventud, pero que terminó siento la "tícher" de los futuros ingeniebrios.

Nikoboy llegó tempranísimo, tomó el asiento más estratégico, toda la clase le puso atención, la miraba con tanto deseo, bajaba sus ojos lentamente desde el cuello hasta los muslos, se paseaba con la pupila entre sus senos, adoraba la raja de su falda, se quedaba mudo cuando ella lo miraba, casi podía apostar que al momento del "listening" ella le guiñaba el ojo o le sacaba la lengua en un  sensual frote de sus labios.
Se le quedó viendo perdidamente, sintió un calor extraordinario en su cuello, no pudo evitar un ligero tumulto en sus pantaloncillos, cubrió el bultecillo con una libreta pero por los nervios terminó tirándola al piso, la Tícher, que deambulaba por su pasillo se percató de la erección y le guiñó el ojo nuevamente.

¿Estaré soñando?- se cuestionaba a sí mismo -¡ninguno de mis compas me va a creer! - se repetía con júbilo. ¡Alguien dígame si estoy soñando! - volvía a cuestionarse. Tímido sonrío y siguió en lo suyo.
Terminados los ejercicios sonó el timbre y, temeroso de tener otro incidente varonil, el puberto Niko, tomó su mochila y se dirigió rápido a la salida.

-¿A dónde va, Ruvalcaba?
Niko se quedó congelado mientras sus demás compañeritos abandonaban el aula.
-Necesito hablar seriamente con usted, cierre la puerta.

Nervioso y anonadado se quedó, se acercó a la doncella quien sin más prisa ni pena le dio un tremendo beso de lengua. Miss Lucía agarró la mano del chaval y se la recorrió por todo su pecho, la metió en el escote apenas desabotonado y le dijo:
-Aproveche Ruvalcaba. - mientras el estudiante sorprendido recordaba aquellas peliculillas XXX que su primo Eulalio le había pasado por usb, ningún mortal de su clica le creería jamás el incidente. Miss Lucía se desabrochó la blusa y él pasó su mano ya sin timidez por su espalda y más abajo... ella se puso de rodillas, se acercó lentamente a su bragueta y...

...sí, Nikoboy, respondiendo a tu pregunta, sí estabas soñando, te quedaste dormido por madrugar y llegar tan temprano a la clase. Quedaste planchado en tu pupitre creyendo que soñaste la mañana en la clase de Miss Lucía, quien por cierto, está en Cancún con su esposo (no era tan soltera a fin de cuentas). Ha mandado a una suplente, la sra. Carmela Alatriste, divorciada matriarca de 57 años, tutora desde hace más de dos décadas, rellenita, tiene un escotazo, pero su busto ya está caído... ¿te animarás, chaval? trucha con esas hormonas, broder.

23 de enero de 2013

Utopía que engrandece las vivencias

Fuente: HEART SHAPED BOX- we heart it

La deshonra justa por las razones más primitivas,
la necesidad que se engrandece al amanecer,
con el pasar de un cuerpo piriforme o de violín,
con los botones de rosa morenos en un pecho de abril,
necesidad que crece, se exalta incontroladamente;
las hormonas hierven sobre las cienes jóvenes
y cualquier sensación es un experimento de placer.

Es el pan de cada día de algunos poetas,
liturgia y sacristía de los que amamos el amor,
de los que esperamos la soledad para satisfacer
las imaginaciones que nos provoca el corazón;
es y no es el origen de todos nosotros,
es y no es con lo que venimos a crear y enaltecer
grandes hazañas con aprendices novatos.

Porque nadie nace para el tabú mayor,
nadie es maestro de los labios íntimos
si no es por experiencias largas y fortuitas;
los jóvenes creen saber manejar su mayor miedo
mostrándose párvulos y desnudos
sólo con la idea de mover algo en donde
existe ese punto risueño y mudo.

Los pioneros del erotismo, los valedores del honor,
los prófugos de la literatura y los entusiastas del bolero
hablan de ello como vividores de sus propios cuentos,
lo recitan, lo hablan, lo gritan a deseos en las noches de zinc,
se lo untan en la mente con falsos recuerdos,
como historias de misterio sobre el sexus,
 el punto G, la erección y la rosa de Eva en el oscuro jardín.

Una furtiva sensación de soledad incomprendida,
porque nos hacemos faltos del otro,
y buscamos en vientres y senos expuestos,
en faldas cortas y gemidos ruidosos,
en húmedas experiencias, en cines llaneros,
en cuadros de cerámica de baños sin dueño,
ese temblor que vuelve débiles y fuertes a nuestros cuerpos.
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