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14 de septiembre de 2013

La noche de las luminarias led

Aquella noche vi una sombra indiferente cruzando el marco de la puerta a punto de tocar mis pies, la iluminación la proporcionaban unas pobres luminarias led que parpadeaban dentro del sanitario en el que me había enclaustrado; la tradición no es sin más que seguir una especie de pasos con un fin que nunca se concreta, porque allá afuera buscaban a las de mi edad, a todas ellas, altas, bellas, gordas, mugrientas, de la familia más rica, de la familia más hambrienta y suponía en algunos casos para estas últimas un canto de alivio cuando no lograban sobrevivir a estas fechas conmemorativas. 

La tambora se oía a lo lejos, los gritos de los hombres del pueblo llamaba por la siguiente y la siguiente, un sonido estridente se oía entre la multitud de diálogos; afuera una mujer morena y grande sin un brazo atendía un establecimiento de aperitivos, ella, la recuerdo, solía cuidarme desde que tenía ese muñón en el brazo derecho con sus 16 abriles y ahora es una fea cicatriz hipotrofiada que parte la mitad de su brazo de cuarenta inviernos. Hace frío soy consciente del clima exterior porque a través de la rendija de la ventana se va colando septiembre ligero y alondrado. Me cubro los oídos, el sonido se repite y se repite, alguien afuera ha gritado, la voz es un sonoro quebranto.
- La han despojado, de todo lo que tiene la han despojado...- las voces se suman, hasta que la voz primaria se pierde en las risas y el choque de latas a las afueras de esta habitación. 
- ¿Dónde está la hija de los Delgado? ¿Alguien la vio?- Me quedo quieta, como si no mover ni mis ojos me hiciera desaparecer en los muros de ese sucio lugar, me toco el rostro con las manos, me doy cuenta que estoy conteniendo el aire muy profundo, que mis lagrimas son caminos de sal deslizados sobre la comisura de mis labios.
- ¡Dónde chingados está la hija de los Delgado!- Ahogo un gemido, la voz ha gritado frente a la puerta, mis piernas se han encogido alrededor de mis brazos, hundo la cabeza en las rodillas, alguien está tocando levemente la puerta.

Es mi turno seguramente... pero no me atrevo a salir, no me interesa seguir una tradición tan absurda, ¡Dios quién lo permitiría siquiera!; este pueblo entre muchos otros tiene una celebración que no cabe todavía dentro de mi comprensión, y no creo que haya algo lo suficientemente fuerte para celebrarla pero las mujeres la recordamos, es una vieja leyenda perteneciente al libro de las palabras salvajes, la tradición oral la ha extendido a los pueblos de la baja costa y de las altiplanicies ponientes, consiste en llanamente cercenar el brazo de la mujer a las 16, tradición que sólo se explica para que la mujer comprenda su necesidad y el suplicio que es no tener una pareja masculina al lado. ¿Debería salir?...
Afuera todo suena más enardecido, los golpes son más fuertes no provocados por la mano sino por instrumentos de los mismos pobladores, y no acabo de entender y comprender por qué es tan necesario.  Están entrando... lucen felices pese a que la celebración sólo es una fiesta encarnizada que termina con una hoguera de brazos mutilados... 





7 de julio de 2013

Beatriz "La Rosa Púrpura" Gómez

Beatriz de Suabia [Biografía Ficticia]

Beatriz Jezabel Gómez Saussure (Tatahuitalpan, Tabasco -ahora conocido como Balancán de Domínguez- 1892-1929)

Fue una poeta disipada y neodistópica, nacida en Tatahuitalpan región del señorío maya Acalán que se convirtió décadas después en Balancán de Domínguez en honor a un coronel muerto en el combate de la revolución constitucionalista. Concebida en el seno de una familia pagana, fue hija de una lingüista suiza y un bastión del último Delahuertista en México; recibió una esmerada educación en francés, latín, pintura, armas y sobre todo reformismo burgués. Su depresión clínica y su contrastante aire de positivismo fraudulento le valió muchas amistades que usó de pie hacia sus ansías de libertad y sus tesis postnihilistas contratradicionalistas desde sus estudios.

A la edad de 14 años su influencia literaria se vio modificada cuando su padre, un general de filiación revolucionaria con Adolfo de la Huerta, fuera capturado y conducido al puerto de Frontera, asesinado en el rancho "Niebla y Lebrija" y posteriormente su cuerpo fuera expuesto en ese mismo puerto; la imagen del cuerpo putrefacto de su padre determinó y cambió su conducta romántica europea por una crisis depresiva que la llevó a pintar los 40 cuadros presurrealistas de los cuáles sólo existen en exhibición 3 y se consideran hoy en día un material delicado que sólo algunos exclusivamente pueden llegar a ver por un contenido fuerte de melancolía e ira, qué quienes juran haberlos visto dicen haber llorado por días hasta secar la cuenca de sus ojos.

A la edad de 15 contrajo un matrimonio arreglado, entre su madre y una partera de Suiza, con el pintor dadaísta Ferdinand Suabia, de quién nunca se enamoró y vivió un matrimonio infructuoso por 3 años hasta que un ajuste de cuentas de los Benemarinos de Fez, mafia a la que nunca pagó el valor del material de sus cuadros, le costara un ojo y una mano. El vicio del alcohol, el tabaquismo y altas dosis de violencia hicieron que su matrimonio fuera disoluto.

A la edad de 17 se encontraba contrayendo nuevas nupcias, era prometida de un aviador militar llamado Arnaud Couvier, quién falleció un día antes de la boda en el campo de batalla durante el rescate de un político francés, mientras ella se encontraba planeando un escape con su amante, un decadente ecologista italiano, Lui Anatti; a quién finalmente también dejó de frecuentar. Su autonomía, rebeldía y sus crisis depresivas la llevaron a olvidar el concepto matrimonial para dedicarse exclusivamente a la poesía y la literatura; a los 21 se encontraba estudiando en la Universidad de Guadalajara Elegíaca.

A los 22 decide estudiar la carrera de medicina a la par, convencida de que su función podría ir más allá de sus propios deseos. Así entra a la Real y Pontificia Universidad de México con excelentes resultados a la prueba de admisión, al mismo tiempo que no se olvidaba de su mayor pasión, escribiendo tratados, retratos literarios, reseñas, poemas y versos en prosa con temática evtushenkoviana de quién era fanática fiel y mayor crítica.

Escribió cerca de 200 poemas siendo de los más recitados en las olvidadas tabernas hard-core, "Epicuro y Dvorak", "Elegía a Paco Pil", "Somera muerte", "Melancolía, melasma y miocardio" entre otros. Actualmente se desconoce el destino de todos los textos que ha escrito, ya que según cuenta la leyenda alrededor de Beatriz; una noche de regreso hacia su departamento mientras llegaba de un examen de la nosología algíaca, se encontró con una mujer manca y jorobada con la que chocó y los papeles que llevaba con ella fueron esparcidos. En el estrés del momento soltó improperios tan crueles a esta misma mujer, que siendo una bruja y curandera de la región, le soltó una maldición al arrancarle un mechón de su cabello castaño oscuro.

Al poco tiempo Beatriz Jezabel se enfermaba con frecuencia, hasta el punto de que perdió todo control de sus manos con lo cuál no pudo seguir estudiando medicina ni seguir redactado su poesía. En el ápice de la desesperación y el nadir de su infelicidad se colocó frente a la cascada más alta del pueblo y en medio de la oscuridad se volteó con todos sus trabajos hechos una pila tan pesada, que al lanzarse amarrada a ellos se ahogó, toda tinta en ellos se borró, y lo poco que se conserva de sus trabajos son descripciones o representaciones apenas símiles de pocas palabras rescatadas de las memorias de sus seguidores. Su cuerpo se encontró días después flotando en los extremos del río mesopotámico de Balancán, azul, pálido, frío e irremediablemente triste.

Algunos autores, los más doctos, hablan de ella como la poeta maldita o la rosa púrpura. Ya que la última vez que fue vista viva, llevaba un vestido típico de la región con un bordado de rosas púrpuras en toda la falda.

Jamás recibió entierro en tierra santa por el carácter de su muerte, el suicidio en esos tiempos no podía velarse, recibir funeral oficiado, ni entierro. Su mejor amigo, entonces cantautor sevillano famoso de la época, Santiago Hierro, quién también era miembro de la llamada generación de la posguerra, caracterizado por su subjetividad lírica e intimista; se ofreció a llevar los restos hasta España donde fue enterrada en el patio del propio músico bajo miles de rosales que año con año visitan los "Gomesanos" en el aniversario de su muerte, recitando poemas de su autoría frente a una cruz de mármol con el siguiente epitafio.

"Nunca perseguí la gloria,
nunca perseguí el amor,
la felicidad era bienvenida,
por la puerta en me iba yo."



7 de diciembre de 2012

*Como un cliché de milagros y lloriqueos.[5]


[Cuarta parte aquí]


Pero Febrero era el mes que menos me gustaba, como pronto serían los días y semanas del resto del mes, y del mes siguiente.

No había vuelto a verla. La había dejado ir sin siquiera preguntarle sí podía visitarla de nuevo o sí aquél hombre que me había abierto la puerta esa tarde de entrega de comida, era su amante. ¿Qué era eso que buscaba? ¿Quién era él? sin ser egoísta o presuntuoso, él ni siquiera iba con el estilo desairado y sencillo de ella.

Pero me había prometido una cosa: enviarme cartas todos los días, contándome sobre su vida. La correspondencia marchó adecuadamente, enamorándome, atándome, hasta la quinta carta dónde decía esto:


Elias:

Sé que prometí escribirte a diario. Sé que me has contado muchas cosas que no habían salido de tu boca antes. Debes saber que tus secretos son ahora tumbas para mi también. Pero ha llegado el momento y tú ya sabes mucho sobre mi, no tengo como defenderme y tampoco puedo quedarme. Tienes muchas ideas de izquierda que a nadie de los que velan por mi les gustaría conocer. Ahora John sabe de tus cartas, lo que ha complicado más la situación.

Por favor, no vuelvas a buscarme.

Quedo por siempre contigo, 

Greys.




 De pronto se cruzo una idea en mi cabeza que pudo darme un halo de ilusión: el nombre Johny escrito en la carta, ella de Alemania, Johnny Johnson de Alemania, ella venía para cumplir un capricho o algo así y él venía para darse a conocer por estás tierras. Luego el aspecto del tipo, aquella noche, el ojo de ella guiñándome, atrapándome, el taxi y el destino...

¡Ella había venido hasta México para verlo tocar!.

Quizá era su mayor fan o quizá.... Quizá ella era su novia.

Sentí como un balde de extremada agua fría caía sobre mi. Todo este tiempo alimentando esperanzas con una mujer que probablemente estaba servicial en la cama de otro.

Una furia infinita entró en mi al formular esas ideas. Tome mi chamarra y las llaves y salí lo más presuroso que pude afuera y justo cuando abría la puerta para dirigirme a no sé dónde, Wilfredo entra 'como Juan en su casa' con éxtasis en el rostro.

-¡No lo vas a creer!-Exclama mientras se echa al sillón.-Estaba caminado por la calle de Tonalá, cerca de ese cine porno al que íbamos cuando niños, cuando...

Dejé de escuchar lo que decía. Wilfredo era de esos a los que cualquier cosa que le pasa es de relevancia nacional, de esos que vomita comiendo higos y que no sabe nada de chicas. ¡Que sabía él de amor sí el destino era un reverendo idiota! Cuando de pronto Wilfredo, mi amigo, dijo el nombre del cantantucho ése:

-Así es, era Johnny Johnson y yo estaba ahí para salvar su vida. No sabes, Elias, me agradeció mucho. Me regaló boletos para su último concierto y me dio el número de su asistente para cuando...

-Boletos para su último concierto, ¿dijiste?. Lo interrumpí.

-Sí - Afirmó- su último concierto en México.- Dijo.- Pensaba llevar Ángela pero...

Sonreí. Con una sonrisa maléfica. Ahí podría encontrarla de nuevo.






Martha C.

28 de noviembre de 2012

Abismos y Whiskey on the rocks [1]



Ella había nacido en Bundesrepublik Deutschland o lo que es lo mismo Deutschland que como quiera, se diga o se pronuncie, todos entendemos por Alemania; solía tener padre, un respetable doctor de la caballería del sector salud, muerto a manos enemigas por supuesto; y una madre, bondadosa, amable y generosa como todas lo parecen hasta que son, entiéndame lector, suegras. La conocí tal vez en el momento más inoportuno de mi vida y el más estrellado y caudaloso a la hora de la vida de ella. Ergo eramos tan importunos de ascendencia ya que ella provenía de las "Potencias centrales" y yo era proveniente de los "Aliados", esto sin duda era tan Montesco o tan Capuleto como quisiéramos ponerlo. 



Si algo debe saberse es que me encontraba casi arrodillado y en los huesos; estudiando lo que estudiaba por mi cuenta no tenía ningún apoyo financiero y todo lo que me quedaba era hurgar en los cajones de trabajo del gobierno o  insistir en los trabajos que la universidad ofrecía en pleno fin de año, para no pasar más hambre de la debida. Finalmente cuando me dieron uno no podía alegrarme, salvo el hecho de tener dinero para comer algo en el barrio chino o gastarlo en camadería en el quartier francés. Y si tenía tiempo algo de eso lo gastaba impresionando inútilmente a las de nuevo ingreso invitándolas a lugares no de renombre pero gastando en ellas lo que pidieran,  algo de compañía aunque fueran simples ilusiones alternativas a la soledad.




El día que la conocí fue el último día de clases, mis superiores me pidieron que subiera al edificio más alto donde se encuentra un pequeño criadero de animales para los experimentos de los inviernos de investigación; en ese momento mientras me entregaban mi material estaba en plena perorata interior sobre porqué las personas aceptan las condiciones que sean con tal de comer y tener bienestar; el caso es que le tengo un miedo casi irracional, loco y substancial a las alturas que viene tal vez de mis raíces terrenales o de alguna vida pasada en la que tal vez era una tortuga o reptil que murió a manos de un águila que la tiró desde el cielo o una vil roca caliza de un peñasco; no podía quejarme era subir y ganarme ese dinero o no subir y ser despedido.




Finalmente sostuve mis herramientas como todo un pípila, apreté mi valentía a mi cuerpo y subí por esa larga escalinata tubular que me estrangulaba de miedo; a cada escalón que subía sentía que ahí quedaría mi cadáver y nadie dentro de un mes se acordaría del noble estudiante que subió, cayó y murió sin haber recibido un centavo y sin familia que contactar salvo un padre distante y enérgico. Cuando pisé el último escalón fue como dar un salto extraordinario hasta sentirme seguro. Ahí fue cuando la vi, como una pérdida actriz de cine de 1997, frente a una caída de 20 metros con la mirada cabizbaja y sus comisuras labiales caídas, miraba insistentemente hacia el piso pero instintivamente su cuerpo se flexionaba hacia atrás evitando la segura caída. Intervine tomándole por sorpresa la mano, y sin decir nada se dejó llevar.


  • Pensaba si saltar…- Me dijo sin que yo le pidiera que se explicara, su acento fue todo lo que me dijo que no era de aquí.
  • Si pensabas saltar, este no es el edificio más alto, si de verdad querías saltar,  sólo digo.
  • No lo hice por la altura.
  • Bueno tampoco es el más bonito- no sé si fue mi insistencia la que la hizo reír o mis comentarios estúpidos, de todos modos seguí hablando más con ella –En todo caso usted señorita no puede saltar, no trae la ropa adecuada para hacerlo.
  • ¿A qué te refieres con la ropa adecuada… y a todo esto que haces aquí arriba?
  • ¿Yo? originalmente venía a limpiar el techo y las jaulas de los animales pero me di cuenta de algo.
  • ¿De qué? ¿De qué venías a interrumpirme o algo por el estilo?
  • No, Jaja para nada, yo vine originalmente a limpiar pero me doy cuenta que subí porque no tenía como bajarme.
  • ¿Por qué no podrías bajarte?
  • Para empezar, porque no debí subir y seguido de eso, porque le tengo terror a las alturas y ya no sé como bajar, y entonces me di cuenta cuando te vi…, ¡tú me venías a salvar!- Le sonreí mientras me arrodillaba sosteniendo su mano.
  • ¿¡Qué yo te venía a salvar!?- dijo mientras reía – ¿Es en serio que no puedes bajar?
  • Sí, pero sabes no sólo me vas a salvar, sino que también me ayudaras a superar este miedo, ¿Te digo como lo sé?
  • Dime.
  • Por una hermosura como la tuya podría superar hasta el miedo a la muerte, de no tener esa belleza que tienes jamás me habría acercado a la orilla a tomar tu mano.
  • Suena tan tonto lo que dices.
  • Tonto pero es cierto, entonces… ¿Me ayudas a bajar?



Bajamos juntos y su semblante deprimido se perdió en una especie de sonrisa y conmiseración por mi boba persona. Ella se despidió y pronto me di cuenta que no debí haber bajado, no había limpiado ¡nada!; no quedó más remedio que tomar valor otra vez y subir para terminar el trabajo.



Pasaron varios meses y no supe de ella salvo que podía provenir de Alemania y que tenía una sonrisa muy fácil.




Unas semanas después acudí al Quartier francés con P’tit Pierre, un amigo mío extranjero que solía llevarme a un bar de su preferencia y que tenía la mala costumbre de beber hasta no recordar su nombre; en dicho bar  al que nos dirigíamos teníamos que doblar la esquina por la calle Morelia donde vivía la tuerta Aguilar que leía las cartas a cualquiera no importando su condición económica, una vieja costumbre que impide que las cartas del tarot de Marsella se contaminen y mantengan su energía o algo así; de antemano yo sabía que no servían nada interesante en ese bar pero el ambiente siempre era extrañamente familiar e íntimo, había de todo, trabajadoras de maquila, ruteros, ingenieros de malos vicios, abogados corruptos y nosotros dos bohemios sin remedio que hacían de trotamundos por los arrabales donde el licor era más barato. Estuve sentado así viendo a todos varias horas mientras en la televisión unos niños cantaban “Gracias a ti, a ti, a ti, gracias a ti”, y la tonada se mezclaba horriblemente con un J'ai rien à dire  de un grupo de Bordeaux; daba el último sorbo antes de despedirme de mi colega que a estos instantes ya se veía con una facies potatorum que ninguna menta podría disfrazar.




Iba saliendo rumbo a mi apartamento con mi compañero caído en plena batalla contra otro comensal que empezó unos minutos antes y que perdió tal sólo un minuto después, fue entonces que la vi sentada en la parada del camión donde nos subiríamos. Lo que pasaría esa noche sería tal vez una de las muchas historias que tendría que contar de ella a parte de lo relatado al inicio, sólo sé que sus múltiples errores y descarriladas de camino la llevarían incluso a darse cuenta de su felicidad años después, justo cuando viajaba en un tren rumbo a visitarme y momento entonces donde entendió al último minuto que sus equivocaciones habían contribuido a nuestro encuentro fortuito en la azotea de posgrados y que a pesar de todo fallecería con una sonrisa a la edad de 92 años cuando el tren donde viajaba se descarriló y terminó con toneladas de vagón encima de su frágil cuerpo. 


[CONTINUA AQUÍ---.]





14 de octubre de 2012

La desaparición del cadáver de Ernesto



Mientras mi novio fallecía en la cama, yo me encontraba al borde de un pensamiento tardío a una solución. Santi se encontraba ahí acostado débil como alfeñique, caquéctico por la cantidad de días que había dejado de apreciar la comida, su facies hipocrática me recordaba a cualquier coma premortem, el pobre vaya… ya no respondía a mis caricias y su respuesta a mi voz tardaba cada vez más en volver…

Lector lo que estoy a punto de describirle le parecerá difícil de creer, pero ante todo le pediré que abra su mente, que cierre sus labios y de ser posible que ponga mucha atención.

Aquella noche fue un jueves once de octubre, afuera el ambiente estaba muy húmedo, los relámpagos caían con tanta frecuencia iluminando los nubarrones negros y ningún trueno se escuchaba. Iba manejando rumbo a mi casa después de haber tenido una noche muy ocupada en el hospital donde trabajaba y lo único que quería era llegar y dormir; fue entonces cuando giré para estacionarme que lo vi tirado frente al árbol que se encontraba en medio de la cochera, inmediatamente me bajé a revisarlo, estaba totalmente soporoso y balbuceaba palabras que apenas entendía.
  • ¡No.. murió, murió!
Preocupada lo metí a la casa y lo recosté en el sillón de la sala, fui por mi material médico para determinar que le sucedía pero cuando volví se encontraba en un shock indeterminable, simplemente tenía un perfil enjuto más allá de su delgadez normal, sus mejillas estaban hundidas, la nariz se le había afilado,  tenía sus globos oculares más afuera de lo normal como si algo lo hubiese impresionado fuertemente; revisando un poco más encontré que había cianosis en sus labios que otrora fueran más rojos que los míos y estaba completamente deshidratado.  Inmediatamente lo subí a mi cuarto con dificultad, su actitud era apenas instintiva y puesto que tenía su cabeza contra mi hombro oía su respiración acelerada a través de aliento sobre mis oídos, su boca espiraba tan fuerte que movía con insistencia los bordes de mi blusa además de que se encontraba sudando demasiado.

Cuando lo recosté vi a alguien muy diferente de la persona que había estado amando por estos tres años, sin embargo finalmente cuando logré estabilizarlo en lo posible me retiré a darme una ducha. Salía de bañarme pensando todo el tiempo en que se trataba de probablemente de alguna situación de ansiedad o que lo habían robado y por eso estaba tan asustado, me acerqué hacía el espejo con el cabello aún mojado, el vapor inmediatamente empañaba el vidrio cada vez que yo pasaba mi mano y me observaba entre movimiento y movimiento pensando en que estuviera bien, en lo que podría haber ocurrido, pero fue cuando pasé mi mano por el espejo cuando lo vi detrás de mí con la mirada fija, me había asustado de tal manera que al voltear para verlo directamente había apoyado mi mano sobre un par de vidrios que había dejado en la mañana cuando rompí un vaso que usaba para enjuagarme la boca, pero al voltear él no estaba. Tome una de las toallas y la enrede en mi mano, fui a revisar a Santi y se encontraba despierto pero sin moverse, me acerqué a él con precaución y al mirarlo tenía los ojos entreabiertos con una mirada interrogante y ansiosa, su mentón estaba prominente como si hubiese deseado decir algo, sus ojos estaban pálidos secos y vidriosos, denotaban dolor aunque no sabía de qué sufría; me acerqué un poco más intentando moverlo pero sus movimientos eran lentos y torpes cada vez que probaba sus reflejos, ya había tomado una coloración azulosa alrededor de la mirada y una palidez extraña y marmórea en el rostro, su boca se hallaba entreabierta,  y en sus mejillas había unas manchas héticas, su respiración –sentía mientras lo observaba- se iba desvaneciendo con cada minuto.



  • ¡Santi háblame!, ¡Por Dios dime qué sucede, ¿qué te pasó?! ¡SANTI!- Finalmente pareció escucharme y su mirada vaga se torno hacia mí.
  • ¡Paulina, mi tío me visitó!- Finalmente había exclamado y me lo dijo con tal pavor que casi creía que me lo decía como si de verdad hubiese visto a su tío en vida; sin embargo pensé que se había tratado de un mal sueño y que debido a su cardiopatía sólo se encontraba mal por el susto. – De verdad Paulina lo vi, estaba al pie de mi cama parado con su postura militar frente a mí, él me advirtió, me dijo que… nos dijo que… ¡El día en que se muriera nos visitaría!, ya visitó a Rodolfo y a Héctor, debo seguir yo!
  • ¡¿De qué hablas Santi?, pero si tu tío ya falleció ¿cómo te va a visitar?!
  • De verdad Paulina, no te miento, el me visitó.
  • Estás loco, seguramente fue una pesadilla o lo alucinaste.
  • No Paulina de ver…- pronto un grito ahogado escapó de su garganta y empezó a retorcerse en la cama de dolor y tan sólo medio minuto después se quedó quieto y… falleció. Horrorizada sin saber qué hacer llamé al hospital, necesitaba determinar de qué había muerto. Llamé a sus hermanos Héctor y Rodolfo, ambos se escuchaban asustados y empecé a preocuparme de que también pudiera pasarles lo mismo que a Santiago, eran amigos cercanos míos y no deseaba lo mismo; después de que los de autopsias habían llegado para llevarse el cadáver y después de responder unas preguntas me dirigí hacía la casa de Héctor.

Al tocar a su puerta nadie abrió, grité por su nombre hasta que finalmente la puerta cedió, era él y estaba pálido, delgado igual que Santiago y tenía su mirada paralizada, entré lentamente y me siguió hasta el comedor, encendió una gran vela de un olor extraño que empezaba a impregnar la casa entera; sentada frente a él empecé a interrogarlo.

  • ¿Por qué te ves así, qué te pasó?
  • Paulina estoy muy mal… no he podido dormir, no he podido comer, estoy muy asustado.
  • Pero ¿por qué?
  • He estado viendo a mi Tío Paulina, con su cara rectísima, ese adusto mirar, su garbo imponente y ¡ese estúpido traje militar!
  • Pero qué dices, estás loco, su tío ya falleció, ¡está muerto!
  • ¡Paulina eres una tonta, no sabes lo que sucede!
  • ¡¡Pues dime!!- Le dije con las lágrimas brotando tal epifora sobre mis ojos. -¿Qué no te das cuenta? ¡Tu hermano falleció, mi novio murió, ¿qué no entiendes!
  • Paulina lo siento, es que no, no es posible, pero necesito decírtelo, a Santi ya se lo llevaron y no quiero ser el siguiente, quiero decirte todo- Cerré mi boca y mi expresión denotaba desesperación y miedo.
  • Dime…
  • Hace tres días nuestro tío Ernesto falleció, pero hace una semana antes nos había mandado llamar, él deseaba que nosotros lo cuidáramos cada uno por dos días, sabíamos que él estaba a punto morir y no queríamos realmente estar cerca de él hasta que pasara, tú sabes lo terrible que es ver morir a alguien… ¡fuf!... el último día antes de su muerte acudimos con él, nos sentíamos culpables pero in articulo mortis nos miró y dijo fuertemente “No quisieron acompañarme, yo que los he cuidado, y ya verán, ¡cuando me muera los visitaré a cada uno y vendré a llevármelos conmigo!”, después de que dijo eso algo en su garganta pareció atorarse, tenía movimientos carfológicos y después dejó de moverse… pasó a mejor vida. Los tres estando aterrorizados vimos como un líquido blanco escurría de su garganta llenando toda su boca, el cristalino de sus ojos cafés se había opacado totalmente como una nube blanca, su boca estaba seca y entre abierta, los ojos se le habían hundido al igual que su piel acartonada, y el estomago finalmente se había hundido. Estaba rígido y en ese momento no lo tomamos en serio Paulina, en ese momento sólo nos fuimos callados; después del velorio nos fuimos juntos detrás del ataúd rumbo al cementerio que se encontraba en la colina a las afueras de la ciudad, los tres subimos lentamente detrás de mis demás tíos que cargaban el féretro, cuando finalmente lo colocaron encima de las bandas grises que descienden hasta el hoyo de tierra decidimos abrir el ataúd para percatarnos de que efectivamente se encontrara ahí mi tío, cuando abrimos la tapa donde se debía encontrar su rostro y la mitad de su cuerpo …. ¡YA NO ESTABA!.

  • Nos asustamos, cerramos la tapa y bajamos a toda velocidad las trescientas escaleras de la colina del cementerio.  Esa misma noche ya lo habían enterrado o al menos el sarcófago y nosotros estuvimos toda la noche pensando en que hacer, Rodolfo se había quedado dormido por unas horas y pasadas las tres de la mañana se despertó gritando que lo había visto, decidimos irnos cada quien a su casa esperando que sólo fueran sueños molestos pero por lo que veo… de verdad piensa cumplir su promesa- Después de que hubiera terminado de contarme esto, decidí irme, no podía creer que esto estuviese sucediendo de verdad, manejé unas dos horas dando vueltas por la ciudad pensando en que hacer, hasta que decidí que iría directo al cementerio a averiguarlo por mí misma, recogí en mi casa la enorme pala que estaba en el cuartito de atrás, y llamé a mi vecino Terramicino; Terramicino era un joven que siempre me había ayudado con las labores del jardín, le daba empleo en lo que conseguía otro en uno de los viveros de la zona, y había demostrado ser alguien de confianza siempre fuerte y seguro, y yo  necesitaba un cómplice.


Conduje rápidamente al cementerio, subimos con dificultad las trescientas escaleras, y tuvimos que romper el candado de las rejas para poder pasar. Terramicino cavó toda la noche mientras me encontraba al pie del agujero, finalmente un golpe de madera se oyó debajo de la pala y ambos bajamos a tratar de descubrir la tierra, para ese entonces los relámpagos de esa noche se habían dejado acompañar de una lluvia intensa, todo se encontraba oscuro más allá de lo habitual como cuando está por amanecer. Terramicino abrió el ataúd por la cabecera y efectivamente… no había cuerpo alguno, sin embargo no desistí quise saber que más podría haber, alguna ropa, algún accesorio o lo que fuera que diera pistas de que pasó, entonces le pedí a Terramicino que abriera la segunda parte del ataúd fue entonces cuando tal sobresalto me invadió, Terramicino tuvo que sostenerme del brazo para evitar que cayera y derrumbara la tierra de una de las paredes del agujero de dos metros, me sostuve temblando y me volví a asomar a lo que parecía la explicación más increíble.

Don Ernesto se encontraba al fondo de la caja y sin piernas… ¿Cuál era la explicación? Resulta que  Don Ernesto como veterano de guerra tenía entre sus mayores recuerdos de arañazos y trofeos, la amputación de dos piernas por una bomba del 47’, y usaba prótesis para ambas piernas. Cuando subieron el féretro por la colina de las trescientas escaleras el cuerpo se había deslizado hacia abajo con la inclinación después de que la funeraria le había retirado las prótesis, entonces cuando Santiago, Héctor y Rodolfo habían abierto el féretro naturalmente no encontraron nada porque habían abierto la cabecera del mismo.

Pronto acomodamos el cadáver en su lugar,  dijimos una oración para evitar sentir la culpa de la exhumación del cuerpo y volvimos a tapar el hoyo, salimos de ahí y dejé a Terramicino en su casa mientras me dirigía a la casa de Héctor y de Rodolfo que yacían en un estado de shock por el pánico,  sin embargo aún algo me aquejaba, si bien es cierto que el cuerpo estaba al fondo de la caja no explicaba cómo es que el cuerpo se encontraba volteado ni el hecho de que dentro de uno de sus bolsillos se encontrara el reloj que tenía puesto Santiago cuando lo recibí en mi casa esa misma noche… preferí no indagar más y sólo explicarle el asunto a Héctor y Rodolfo y esperar que sólo este pánico ocasionado por un viejo tío fallecido hubiera sido la causa del infarto de Santiago…



P.D. Ahora me tocó publicar en este bello 14 de Octubre, pero un 14 de Octubre de 1995 nació mi hermano y deseo extenderle un bello y feliz cumpleaños, el mejor que nadie se acuerda desde pequeño de todas las historias de terror que le inventé alguna vez y también de todos los relatos de miedo que le leí alguna vez, eres un gran hermano NVG, te quiero. Saludines a todos los lectores asiduos y accidentales. Disfruten y comenten (:

2 de septiembre de 2012

Cantársela





Chapulín:  Animal, mitológico alado, incierto y fascinante,
fugitivo de infantes, inervado de inquietud,
con marcha rítmica de alegría exuberante,
que devora los sueños de los que duermen en plenitud.



“Tierra, Luna, Tierra, Sol…Esas son las fases de la luna. ¿Para qué nos pone eso? ¡le dijimos que no¡… Se ve blanca… ¿Algo que rime con gomita?...” Karicia se estaba cansando de los muchachos que ocupaban la mesa de atrás mientras esperaba un libro al que le sacaba copias. “¿Ya quitaste gomita?... Alejandra ya tienes novia nueva… ¡Ay wey!” Más risas escapaban del fondo donde estaban rentando una computadora. Un ventilador solitario falto de efecto para los días de las canículas giraba con el mismo ánimo de una sola batería triple “A”, Karicia giraba el cuello a su alrededor en un intento por estirarse la pereza por mientras que el encargado de blanco con su embonpoint de por medio le impedía atravesar entre dos maquinas copiadoras.


  • ¿Quómo te habes?... eso lo borraré, no tiene por qué estar en la presentación- Karicia se desesperaba un poco, tardaban demasiado en darle el libro y los muchachos no callaban sus juegos “¿Qué nos hace si la borramos?... Sol, luego Marina… Alteraciones en las ondas de radio… ¡Dile, tiene que saber!... Mándale una solicitud a Gomita… ¿Fotosíntesis es como auroras y australias?...”.  Karicia estaba a punto de levantarse para pedirles que guardaran silencio sin usar la típica onomatopeya que alude al silencio pero, sin querer al retirarse de su asiento derribó las copias de un joven que se acercaba a ella justo en ese momento.

  • ¡Perdón, no me fijé, lo siento!
  • No te preocupes, están numeradas, no tardaré en ordenarlas.- El encargado por encima del trabajo tintero de las impresoras y copiadoras miraba con reprobación al muchacho.
  • ¿No son de casualidad las de un libro que estaba esperando?
  • ¿A qué nombre dejaste tu pedido?
  • Aura Karicia.
  • No, este no es. ¿Qué esperabas?
  • Un libro que dejé, se llama… amm deja checo… se llama, El simbolismo real y religioso de San Jorge, el caballero de Capadocia.
  • ¿Eso donde te lo encargaron?
  • Nadie, es un libro que un amigo me prestó para sacarle copias y necesito regresárselo para antes de las seis.
  • Ah….- El joven pareció no interesarse mucho pero luego de un rato que los jóvenes ya se habían marchado, se acercó a Karicia que ya esperaba impaciente – Creo que se tardarán una hora más, ¿No quieres mientras ir a comer algo?
  • ¿De verdad?, humm… okey, ¿Dónde?
  • Hay una fonda al frente, se llama “Las vecinas”, la comida es buena.
  • Vamos con Las vecinas entonces- Rió Karicia con algo de timidez.





El muchacho se veía bastante simpático, en el sentido de que muchos hombres no pueden ser o verse simpáticos sin antes intercambiar algunas palabras con ella, muy a su sentido. Él amablemente se había ofrecido a ordenar y pagar por ella, de una manera tan curiosa que no le permitió a Aura ni siquiera levantarse de la mesa, se sintió algo halagada por las atenciones del joven. Al poco rato lo vio venir y sentarse en el mismo lado donde ella se encontraba sentada. Aura insistió en un poco más de amabilidad averiguando el nombre de él.

  • ¿Cómo te llamas?
  • Eli.
  • ¿Por Eliseo verdad? ¿Trabajas ahí en la copiadora?
  • Sí por Eliseo; algo así, mi tío Chava está ayudándome a pagar algunas cosas… Además patrocina un equipo mexicano de ajedrez que tenemos.
  • ¿Ah sí, cómo se llama tu equipo?
  • Sombras y Leños.
  • Jaja ¿Es en serio?- Eli se burlaba un poco, creo que el semblante de Aura tan fatigado de esperar le incitó hacerla reír por un rato.
  • ¿Por qué andas leyendo sobre San Jorge?
  • Un profesor nos lanzó una pregunta: ¿Cómo puedes comprobar que algo invisible existe?, ¿existe o es parte de algo mental, cuáles son los parámetros para determinar que algo existe?, Por ejemplo, si yo les digo… Veo un dragón, sí, al fondo del salón, ¿cómo comprueban que existe?… Nosotros nos quedamos tratando de desmentirlo, preguntándole: ¿De qué color es?, Rojo; ¿Vuela?, Sí; Pídale que haga algo, que se manifieste, Pues si no es fantasma. ¿Hace algún ruido?, no sé, pero yo ahí lo veo. Poco a poco concluimos que podíamos lanzarle algo encima para hacerlo visible o determinar por medio del calor su presencia, y no recuerdo que más, pero al final nos pidió investigar sobre San Jorge y su supuesta lucha contra un dragón, y determinar que tan real era la leyenda.
  • ¡Qué ejercicio tan curioso!.
  • Si lo sé, y no ha sido lo más raro, constantemente nos cuestiona sobre que tan real o que tan falso es algo, por ejemplo sobre si la uña de gato cura el cáncer, o si es mejor las pastillas de alacrán azul.
  • Me suena a algo familiar que viví, dejé de ser escéptico hace algunos años, pero hace algún tiempo acompañé a mi abuelo Galo a con una gitana, le decimos Galo pero se llamaba Galeufel.
  • Qué raro nombre, ¿por qué le pusieron así?
  • Porque era una combinación de los nombres de sus padres y su hermano mayor; Galinda, Eusebio y Felix. Bueno, fui con mi abuelito Galo con una gitana que vivía en una casa en la que siempre dijimos que espantaban, le hicieron una lectura y le dieron unas nueces gitanas. Sabíamos que esa señora era de las buenas gitanas porque cobraba lo que quisiera uno darle, y pues los malos gitanos te cobran hasta lo que no. Ella le dijo que a su casa llegarían extranjeros desde el otro lado del mundo y que su hijo se casaría con uno de ellos. Mi abuelo Galo guardó sus nueces gitanas en la repisa más alta del ático que tenía en la vieja casa, y pocos años después, mi tío Chava, que entonces era delgado, se enamoró de una mujer japonesa, cuyos padres fueron a cenar a la casa.
  • Yo sigo escéptica de esas cosas sobre el destino, los fantasmas y los tratamientos alternativos, pero cuando suceden ese tipo de cosas que no puedes explicarte como funcionaron, lo primero que me decido es a investigar a fondo.
  • Hay cosas que podrías investigar, pero no significa que encuentres la respuesta siempre, o al tiempo que la necesitas- Karicia empezaba notar una peculiaridad interesante en su interlocutor.
  • Di algo simple pero profundo – Dijo con más simpleza, atañendo a la idea de haber entablado un poco más de confianza.
  • Raspa de coco – Sonrió levemente Karicia, ya no sabía si él estaba jugando con ella o hablaba en serio.
  • ¿Qué tiene eso de profundo?
  • Depende, tal vez nada para ti en este momento pero, para mí es algo que en cierta forma es parte de mi ser, es algo con lo que puedo contar siempre que algo me moleste aunque claro no muchas cosas me molestan… sólo por diversión me relaja y me dejo ir, podría ser lo más cercano a la felicidad que puedo sentir porque no soy muy apegado a mis sentimientos en forma simple…  es algo mío y que nadie puede quitarme lo cual me hace feliz solo a mí.
  • Entonces… ¿te gusta mucho el coco?- Karicia creía que hablaba con un completo loco.
  • ¡Para nada!, lo odio pero amo lo que no me gusta, me aburre lo que amo; sólo porque no entienda algo voy a ignorarlo.
  • Pero entonces… será que me odias en realidad.
  • No… de hecho… me aburres demasiado.
  • ...- Karicia guardó un silencio tan especial, la sonrisa se le escapaba por en medio de su cabello revuelto, y ese coqueto sonreír parecía rejuvenecerla a pesar de su estado un tanto desgastado y revivir la tonalidad de su piel a través de la bata clínica. Eli y ella guardaron un silencio en que se miraron con una sonrisa bobalicona y en ese gesto Eli continuó hablando.
  • Por eso amo cuando alguien se complica.





Al poco rato mientras habían salido momentáneamente al patio alguien se acercó a Eli, un enfermero le había pedido que lo acompañara pues era hora de la toma de medicina en el psiquiátrico. Karicia se quedó viéndolo mientras caminaba hacia la sala del hospital del otro extremo del patio donde se encontraban. Al poco rato Karicia que se encontraba ahí mismo en el psiquiátrico se sentó al lado de Carlos, un hombre con el que le gustaba platicar a menudo y cuya enfermedad lo había llevado a pasar de una personalidad arisca a una más amable y abierta aunque con ciertos problemas psicológicos asociados y una secuela de alucinaciones que le hacían creer que era un pensador literario que había sido encerrado por órdenes del General  Maximiliano justo antes de que él naciera; por supuesto Karicia sólo se aproximaba a hablarle en sus estados más poéticos o filosóficos, a ella le parecía curioso el término de “enfermedad” no por el hecho de asignarle a alguien el estado de enfermo sino porque no existía contraparte que sostuviera la esencia de enfermedad, ¿quién estaba completamente sano y totalmente dentro de las virtudes de estar bien física, mental y socialmente?. Karicia se encontraba haciéndole unas preguntas a Carlos cuando Fer, otro de los inquilinos del psiquiátrico, se acercó con una especie de marcha rara.


  • ¡Karicia, háblele en inglés!
  • ¿Por qué Fer?
  • Ese bato, le juro, habla inglés, es más mire, aquí traigo una revista en inglés- Fer comenzaba a golpear el hombro de Carlos con la revista - ¡Ándele wey, léale en ingleis a la señorita!- Carlos sólo se limitaba a hacerle una seña negativa mientras permanecía callado y Fer insistía - Bueno está bien, pero fíjese señorita este señor, mi compota, habla inglés.
  • Karicia se había quedado sonriendo un rato, y Carlos esperaba que Fer se alejara un poco para acercarse a Karicia.
  • Karicia… no le haga caso… ese tipo, está loco.

Al poco rato, un enfermero se acercó a ellos dos y le hizo una seña a Karicia para que se levantara del pasto del patio.


  • Karicia ¿Cómo ha estado?, le di 5 minutos, ya es hora de su medicamento, ya lo sabe- Le dijo el enfermero ayudándola a levantarse.
  • Si Pepe, ya voy- Acto seguido se levantó sacudiendo el pasto que se le había pegado a la bata, avanzó por las escaleras de cantera por el piso frío y húmedo hacia el recinto. Adentro una de sus amigas la saludaba y enseguida ya se encontraba caminando al lado de ella.
  • Karicia, hola, hoy me pasó algo increíble.
  • ¿Qué te pasó Alicia?- Ella sólo seguía la plática de su compañera de cuarto.
  • Pues tú sabes, sí, sí sabes, soy una gata, hace rato me dejaron abandonada, y pues volé, pero no volé lejos porque necesito cuidar mi hogar, pero volé y ¡se sintió tan lindo!, aunque tuve problemas, porque yo escupo fuego por la boca sino me caen bien, y pues ahorita vine y el enfermero, tu sabes que es mi amigo, mi amigo, el ya me conoce y sabe que volé, pero bueno ya me tengo que ir, quiero seguir otro rato más.
  • ¡Ah Alicia, qué padre, no sabía!, sí nos vemos, cuídate.

Luego de eso el enfermero la hizo pasar a la sala donde se encontraba el mostrador, la enfermera del lado opuesto abrió la gaveta de archivos, saco un pesado archivo amarillento con el nombre de Aura Karicia encima con una etiqueta vieja y verde, mojó la punta de su dedo y pasó las páginas hasta llegar a las indicaciones terapéuticas.


  • Bien Karicia, son las seis, una de 3mg de… Haloperidol y… es todo, toma- Karicia tomó la solitaria pastilla del mostrador y con un vaso de agua la tragó. 

Acto seguido salió de nuevo, se acordó que no había recogido el libro al que le sacó copias y se apresuró corriendo al otro extremo del patio, tal vez ahora si recogería el libro e iría a la casa de su amigo a entregárselo antes de que en el psiquiátrico la obligaran a dormir; porque dicen, según ella, que tiene algo, pero hasta ahora se siente bien y lo único que parecía locura para ellos era que quisiera recoger las copias de un libro y sentía terriblemente que la maltrataran diciéndole que Eli no existía, pero ella sabía que sí porque lo veía todos los días y apenas hoy había podido hablar con él. De hecho se encontraba emocionada, sentía que Eli estaba a punto de Cantársela.






- TPR en colaboración con NV Gómez 


28 de agosto de 2012

Mi abuelo Domingo.

No era Lunes, no era Martes, cuándo Domingo conoció a Lucila, el tiempo había perdido forma. Está historia tampoco es un cuento de amor, ni de luces o sombras. Es la historia de mi abuelo Domingo al que conocí mucho después de su muerte.

No hay datos certeros pero mi abuelo Domingo nació en Santander España; cuándo niña, pensaba que mi abuelo Domingo era banquero, por eso de su nacionalidad. Murió teniendo la suficiente edad como para dejar este mundo ávido de vida.

Fue el ánimo de cambio de Francisco Franco que logró que el destino sincronizará momentos y Domingo pudiera conocer a Lucila, en quién sabe dónde y quién sabe como. Pero su amor era mucho, eso sí. Digo que fue Franco, pero olvidé mencionar la guerra interna que obligó a muchas personas (entre ellas, mi abuelo Domingo) a huir a otros países bajo el título de 'refugiados'. Claro que sabemos que México siempre ha sido una gran cobija  y fueron cientos de Españoles que vinieron a dar por nuestras tierras.

Y el amor  fue mucho pero ni con eso lograron que la matriz de Lucila pudiera conceder un hijo. Así que en la historia entra un tal Miguel, que según Magdalena es mi padre. Y Miguel fue cabroncito, viviendo y muriendo Lucila. Miguel fue cabroncito como Martha, Christian, Luis y Lucila (Lucila junior). Y mi abuelo Domingo soporto las cabronadas de Miguel porque lo amaba mucho, Miguel en el fondo no se dejo querer porque conocía su condición de adopción.

Antes, antes del temblor del 85, sólo conoció a tres de sus nietos a los que sí no fuera por su pequeña edad, hubiera llenado su mundo de dinero, a manos llenas, dicen. Al final mi abuelo Domingo dejó los lentes de botella a un lado, cerrando los ojitos para siempre.

Yo lo conocí hasta ayer, cuando apareció a lado de mi cama, a las dos o tres de la madrugada. Se sentó y toco mi cabeza como lo haría Miguel.

Me pidió que le dijera a mi padre cuánto lo había amado, asentí.

Le pedí que le dijera a mi padre cuánto lo amaba, asintió.





Domingo no era Lunes o Martes, tampoco Miércoles, ni Jueves, pero bueno... era 
MI ABUELO DOMINGO, al que conocí apenas ayer.

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