Lo que supuestamente está muerto, a mí hace
que se me mueva el corazón…
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Estaba el Grunge sentado frente a su tumba esperando la muerte,
en eso llego Kurt Cobain y dijo detente.
Saco su guitarra y se puso a distorsionar
y el Grunge le decía ¡para! déjame respirar.
Apareció Layne Staley y acarició al Grunge,
aunque la huesuda ya los esperaba a los dos.
En su mundo lleno de drogas y alcohol
Layne, el Hombre en la caja, se encerró y no pudo ver el sol
En los barrios del terror se escuchaba que el
Grunge murió,
pero eso no es cierto, ¡revoluciono!
Ahora yo les digo: Señores, el Grunge no ha
muerto,
sólo la calaca se lo llevo envuelto.
Honor a quien honor merece, el sonido de Seattle…
JPS