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7 de julio de 2013

Beatriz "La Rosa Púrpura" Gómez

Beatriz de Suabia [Biografía Ficticia]

Beatriz Jezabel Gómez Saussure (Tatahuitalpan, Tabasco -ahora conocido como Balancán de Domínguez- 1892-1929)

Fue una poeta disipada y neodistópica, nacida en Tatahuitalpan región del señorío maya Acalán que se convirtió décadas después en Balancán de Domínguez en honor a un coronel muerto en el combate de la revolución constitucionalista. Concebida en el seno de una familia pagana, fue hija de una lingüista suiza y un bastión del último Delahuertista en México; recibió una esmerada educación en francés, latín, pintura, armas y sobre todo reformismo burgués. Su depresión clínica y su contrastante aire de positivismo fraudulento le valió muchas amistades que usó de pie hacia sus ansías de libertad y sus tesis postnihilistas contratradicionalistas desde sus estudios.

A la edad de 14 años su influencia literaria se vio modificada cuando su padre, un general de filiación revolucionaria con Adolfo de la Huerta, fuera capturado y conducido al puerto de Frontera, asesinado en el rancho "Niebla y Lebrija" y posteriormente su cuerpo fuera expuesto en ese mismo puerto; la imagen del cuerpo putrefacto de su padre determinó y cambió su conducta romántica europea por una crisis depresiva que la llevó a pintar los 40 cuadros presurrealistas de los cuáles sólo existen en exhibición 3 y se consideran hoy en día un material delicado que sólo algunos exclusivamente pueden llegar a ver por un contenido fuerte de melancolía e ira, qué quienes juran haberlos visto dicen haber llorado por días hasta secar la cuenca de sus ojos.

A la edad de 15 contrajo un matrimonio arreglado, entre su madre y una partera de Suiza, con el pintor dadaísta Ferdinand Suabia, de quién nunca se enamoró y vivió un matrimonio infructuoso por 3 años hasta que un ajuste de cuentas de los Benemarinos de Fez, mafia a la que nunca pagó el valor del material de sus cuadros, le costara un ojo y una mano. El vicio del alcohol, el tabaquismo y altas dosis de violencia hicieron que su matrimonio fuera disoluto.

A la edad de 17 se encontraba contrayendo nuevas nupcias, era prometida de un aviador militar llamado Arnaud Couvier, quién falleció un día antes de la boda en el campo de batalla durante el rescate de un político francés, mientras ella se encontraba planeando un escape con su amante, un decadente ecologista italiano, Lui Anatti; a quién finalmente también dejó de frecuentar. Su autonomía, rebeldía y sus crisis depresivas la llevaron a olvidar el concepto matrimonial para dedicarse exclusivamente a la poesía y la literatura; a los 21 se encontraba estudiando en la Universidad de Guadalajara Elegíaca.

A los 22 decide estudiar la carrera de medicina a la par, convencida de que su función podría ir más allá de sus propios deseos. Así entra a la Real y Pontificia Universidad de México con excelentes resultados a la prueba de admisión, al mismo tiempo que no se olvidaba de su mayor pasión, escribiendo tratados, retratos literarios, reseñas, poemas y versos en prosa con temática evtushenkoviana de quién era fanática fiel y mayor crítica.

Escribió cerca de 200 poemas siendo de los más recitados en las olvidadas tabernas hard-core, "Epicuro y Dvorak", "Elegía a Paco Pil", "Somera muerte", "Melancolía, melasma y miocardio" entre otros. Actualmente se desconoce el destino de todos los textos que ha escrito, ya que según cuenta la leyenda alrededor de Beatriz; una noche de regreso hacia su departamento mientras llegaba de un examen de la nosología algíaca, se encontró con una mujer manca y jorobada con la que chocó y los papeles que llevaba con ella fueron esparcidos. En el estrés del momento soltó improperios tan crueles a esta misma mujer, que siendo una bruja y curandera de la región, le soltó una maldición al arrancarle un mechón de su cabello castaño oscuro.

Al poco tiempo Beatriz Jezabel se enfermaba con frecuencia, hasta el punto de que perdió todo control de sus manos con lo cuál no pudo seguir estudiando medicina ni seguir redactado su poesía. En el ápice de la desesperación y el nadir de su infelicidad se colocó frente a la cascada más alta del pueblo y en medio de la oscuridad se volteó con todos sus trabajos hechos una pila tan pesada, que al lanzarse amarrada a ellos se ahogó, toda tinta en ellos se borró, y lo poco que se conserva de sus trabajos son descripciones o representaciones apenas símiles de pocas palabras rescatadas de las memorias de sus seguidores. Su cuerpo se encontró días después flotando en los extremos del río mesopotámico de Balancán, azul, pálido, frío e irremediablemente triste.

Algunos autores, los más doctos, hablan de ella como la poeta maldita o la rosa púrpura. Ya que la última vez que fue vista viva, llevaba un vestido típico de la región con un bordado de rosas púrpuras en toda la falda.

Jamás recibió entierro en tierra santa por el carácter de su muerte, el suicidio en esos tiempos no podía velarse, recibir funeral oficiado, ni entierro. Su mejor amigo, entonces cantautor sevillano famoso de la época, Santiago Hierro, quién también era miembro de la llamada generación de la posguerra, caracterizado por su subjetividad lírica e intimista; se ofreció a llevar los restos hasta España donde fue enterrada en el patio del propio músico bajo miles de rosales que año con año visitan los "Gomesanos" en el aniversario de su muerte, recitando poemas de su autoría frente a una cruz de mármol con el siguiente epitafio.

"Nunca perseguí la gloria,
nunca perseguí el amor,
la felicidad era bienvenida,
por la puerta en me iba yo."



28 de noviembre de 2012

Abismos y Whiskey on the rocks [1]



Ella había nacido en Bundesrepublik Deutschland o lo que es lo mismo Deutschland que como quiera, se diga o se pronuncie, todos entendemos por Alemania; solía tener padre, un respetable doctor de la caballería del sector salud, muerto a manos enemigas por supuesto; y una madre, bondadosa, amable y generosa como todas lo parecen hasta que son, entiéndame lector, suegras. La conocí tal vez en el momento más inoportuno de mi vida y el más estrellado y caudaloso a la hora de la vida de ella. Ergo eramos tan importunos de ascendencia ya que ella provenía de las "Potencias centrales" y yo era proveniente de los "Aliados", esto sin duda era tan Montesco o tan Capuleto como quisiéramos ponerlo. 



Si algo debe saberse es que me encontraba casi arrodillado y en los huesos; estudiando lo que estudiaba por mi cuenta no tenía ningún apoyo financiero y todo lo que me quedaba era hurgar en los cajones de trabajo del gobierno o  insistir en los trabajos que la universidad ofrecía en pleno fin de año, para no pasar más hambre de la debida. Finalmente cuando me dieron uno no podía alegrarme, salvo el hecho de tener dinero para comer algo en el barrio chino o gastarlo en camadería en el quartier francés. Y si tenía tiempo algo de eso lo gastaba impresionando inútilmente a las de nuevo ingreso invitándolas a lugares no de renombre pero gastando en ellas lo que pidieran,  algo de compañía aunque fueran simples ilusiones alternativas a la soledad.




El día que la conocí fue el último día de clases, mis superiores me pidieron que subiera al edificio más alto donde se encuentra un pequeño criadero de animales para los experimentos de los inviernos de investigación; en ese momento mientras me entregaban mi material estaba en plena perorata interior sobre porqué las personas aceptan las condiciones que sean con tal de comer y tener bienestar; el caso es que le tengo un miedo casi irracional, loco y substancial a las alturas que viene tal vez de mis raíces terrenales o de alguna vida pasada en la que tal vez era una tortuga o reptil que murió a manos de un águila que la tiró desde el cielo o una vil roca caliza de un peñasco; no podía quejarme era subir y ganarme ese dinero o no subir y ser despedido.




Finalmente sostuve mis herramientas como todo un pípila, apreté mi valentía a mi cuerpo y subí por esa larga escalinata tubular que me estrangulaba de miedo; a cada escalón que subía sentía que ahí quedaría mi cadáver y nadie dentro de un mes se acordaría del noble estudiante que subió, cayó y murió sin haber recibido un centavo y sin familia que contactar salvo un padre distante y enérgico. Cuando pisé el último escalón fue como dar un salto extraordinario hasta sentirme seguro. Ahí fue cuando la vi, como una pérdida actriz de cine de 1997, frente a una caída de 20 metros con la mirada cabizbaja y sus comisuras labiales caídas, miraba insistentemente hacia el piso pero instintivamente su cuerpo se flexionaba hacia atrás evitando la segura caída. Intervine tomándole por sorpresa la mano, y sin decir nada se dejó llevar.


  • Pensaba si saltar…- Me dijo sin que yo le pidiera que se explicara, su acento fue todo lo que me dijo que no era de aquí.
  • Si pensabas saltar, este no es el edificio más alto, si de verdad querías saltar,  sólo digo.
  • No lo hice por la altura.
  • Bueno tampoco es el más bonito- no sé si fue mi insistencia la que la hizo reír o mis comentarios estúpidos, de todos modos seguí hablando más con ella –En todo caso usted señorita no puede saltar, no trae la ropa adecuada para hacerlo.
  • ¿A qué te refieres con la ropa adecuada… y a todo esto que haces aquí arriba?
  • ¿Yo? originalmente venía a limpiar el techo y las jaulas de los animales pero me di cuenta de algo.
  • ¿De qué? ¿De qué venías a interrumpirme o algo por el estilo?
  • No, Jaja para nada, yo vine originalmente a limpiar pero me doy cuenta que subí porque no tenía como bajarme.
  • ¿Por qué no podrías bajarte?
  • Para empezar, porque no debí subir y seguido de eso, porque le tengo terror a las alturas y ya no sé como bajar, y entonces me di cuenta cuando te vi…, ¡tú me venías a salvar!- Le sonreí mientras me arrodillaba sosteniendo su mano.
  • ¿¡Qué yo te venía a salvar!?- dijo mientras reía – ¿Es en serio que no puedes bajar?
  • Sí, pero sabes no sólo me vas a salvar, sino que también me ayudaras a superar este miedo, ¿Te digo como lo sé?
  • Dime.
  • Por una hermosura como la tuya podría superar hasta el miedo a la muerte, de no tener esa belleza que tienes jamás me habría acercado a la orilla a tomar tu mano.
  • Suena tan tonto lo que dices.
  • Tonto pero es cierto, entonces… ¿Me ayudas a bajar?



Bajamos juntos y su semblante deprimido se perdió en una especie de sonrisa y conmiseración por mi boba persona. Ella se despidió y pronto me di cuenta que no debí haber bajado, no había limpiado ¡nada!; no quedó más remedio que tomar valor otra vez y subir para terminar el trabajo.



Pasaron varios meses y no supe de ella salvo que podía provenir de Alemania y que tenía una sonrisa muy fácil.




Unas semanas después acudí al Quartier francés con P’tit Pierre, un amigo mío extranjero que solía llevarme a un bar de su preferencia y que tenía la mala costumbre de beber hasta no recordar su nombre; en dicho bar  al que nos dirigíamos teníamos que doblar la esquina por la calle Morelia donde vivía la tuerta Aguilar que leía las cartas a cualquiera no importando su condición económica, una vieja costumbre que impide que las cartas del tarot de Marsella se contaminen y mantengan su energía o algo así; de antemano yo sabía que no servían nada interesante en ese bar pero el ambiente siempre era extrañamente familiar e íntimo, había de todo, trabajadoras de maquila, ruteros, ingenieros de malos vicios, abogados corruptos y nosotros dos bohemios sin remedio que hacían de trotamundos por los arrabales donde el licor era más barato. Estuve sentado así viendo a todos varias horas mientras en la televisión unos niños cantaban “Gracias a ti, a ti, a ti, gracias a ti”, y la tonada se mezclaba horriblemente con un J'ai rien à dire  de un grupo de Bordeaux; daba el último sorbo antes de despedirme de mi colega que a estos instantes ya se veía con una facies potatorum que ninguna menta podría disfrazar.




Iba saliendo rumbo a mi apartamento con mi compañero caído en plena batalla contra otro comensal que empezó unos minutos antes y que perdió tal sólo un minuto después, fue entonces que la vi sentada en la parada del camión donde nos subiríamos. Lo que pasaría esa noche sería tal vez una de las muchas historias que tendría que contar de ella a parte de lo relatado al inicio, sólo sé que sus múltiples errores y descarriladas de camino la llevarían incluso a darse cuenta de su felicidad años después, justo cuando viajaba en un tren rumbo a visitarme y momento entonces donde entendió al último minuto que sus equivocaciones habían contribuido a nuestro encuentro fortuito en la azotea de posgrados y que a pesar de todo fallecería con una sonrisa a la edad de 92 años cuando el tren donde viajaba se descarriló y terminó con toneladas de vagón encima de su frágil cuerpo. 


[CONTINUA AQUÍ---.]





10 de septiembre de 2012

Decepción plasmática- Recuento de una vida

Arte plástico- El Jardín de las Estatuas Danzantes

Y hasta la palabra vacío, me llenó 
-Gustavo Cerati- Tracción a sangre- Fuerza Natural

Se lo llevó la tormenta del tiempo,
lo desapareció la dicha de la vida;
llevo de él dos años de duelo
y un temblor de odio en las rodillas.

Los días los tenía bien contados,
nadie pudo llamar a la policía,
desapareció luego de dos años
que el frío se robara su poesía.

En la almohada guardo bilis amarilla,
un poco de cólera en la cama;
tomo un somnífero dos veces al día
porque sólo así las voces se acalambran.

Una receta simple de dos pastillas,
novecientos gramos de niebla clara,
dos cucharadas de glaciares de mirillas,
un aluvión de fotolitos de palabras.

Esperar tanto me sirvió para nada,
pero me enseñó el lenguaje morse
que se escondía en la inocencia perdida,

en la desesperanza, la pena de su goce,
en la soledad, una oscuridad que temblara
lo que en recuerdo es sólo niebla condensada.


Un brevísimo poema sobre otro suceso de la vida... 
Los dejo con una canción para aquellos que saben
que hay tanto idiota ahí fuera.

Puede ser que mañana esconda mi voz
por hacerlo a mi manera,
hay tanto idiota ahí fuera,
puede ser que haga de la rabia mi flor
y con ella mi bandera,
sálvese quién pueda... 
Vetusta Morla


30 de julio de 2012

Las diferentes lentes de la muerte



Hoy inicia una nueva quincena y el tema escogido no es otro que las diferentes miras sobre la muerte y sus métodos, la evolución del pensamiento humano sobre el fin de la empresa vital y las diferentes versiones e interpretaciones de la muerte lo largo de las naciones y del tiempo. Deben saber que no es un tema fácil de explicar sobre todo porque solo de ella se entiende la parte biológica y nada se sabe sobre lo que hay más allá. Sin mencionar más hoy comenzaré con una frase de Antonio Machado, un poeta y prosista español, “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”.  Manténganla en mente. 

Cada día desde que las personas expresaron más preocupación por el fin del mundo en este año 2012, del año pasado o desde el año 2000, se han interesado más por saber, hacer algo más, experimentar y leer sobre… la muerte; y aunque hablar de ella es algo delicado y complejo y algunas visiones expresan desagrado solo de nombrarla, parece ser una dimensión bivalente entre la complejidad y el misterio y entre la simplicidad y el pragmatismo de ser un final ineludible en nuestras vidas. La visión de la muerte al igual que cualquier otra visión sobre los puntos más expresivos de nuestra vida es tan diferente dependiendo de la madurez, la experiencia y la reflexión previa de cada individuo, es un punto tan volátil  puesto que también es objeto de manipulación y discusión. Pero sin querer a estas alturas de la civilización humana y de sus sociedades la hemos condenado, retrasado, reducido y pulverizado en espacios más confinados, más alejados, y más profundos, le tenemos tanto miedo por ser algo tan desconocido que la misma ansiedad que nos genera es toda una tendencia que nos lleva a enclaustrarla a hospitales y cementerios, siendo que se trata de una experiencia que nadie en vida tendrá la capacidad de experimentar.


Hace algunos siglos la muerte había sufrido varias transformaciones desde ser un evento público en alguna plaza donde algún desafortunado era condenado a la horca o la hoguera, o incluso a torturas más crueles que consistían en un inagotable sufrimiento físico hasta la muerte, y precisamente antes eran permitidas estas exhibiciones; mientras que en otras culturas era un privilegio que solo algún “afortunado” podía experimentar, una especie de recompensa, y hoy ha sido tan transformada que algunas personas la exigen como derecho pero que otras intentan evitar a toda costa.  Así observamos cómo se extienden todos los espectros de la visión desde el hoy en día que ve con horror la locura de los cines y las escuelas, las ejecuciones y la violencia, la eutanasia y la pena de muerte hasta los principios de alguna era donde los eventos de plaza no eran muy diferentes y tal vez hasta más cruentos, ¿el humano ha civilizado su visión de la muerte?... posiblemente, ¿ha civilizado sus métodos?... en algunos sitios sí, pero sigue sin civilizar su reflexión sobre ella, precisamente porque no asimilamos la experiencia ni la entendemos del todo.

Si nos vamos a lo pragmático dos hechos puntuales marcan en la sociedad y la cultura a todos los individuos sin excepción y son: El nacimiento y La defunción. Y su duración ha fluctuado mucho a lo largo de las décadas, pienso que las personas se han preocupado más por alargar la vida desde que la esperanza de vida aumento con los adelantos médicos pero se ha distorsionado por mucho esa visión de vida sujeta a tantas disciplinas morales o de tendencia, tal vez mientras tener 40 significaba estar próximo a la muerte en aquel tiempo, ahora tener 40 tiene otro significado de fin que no es vital pero si implica haber tenido que marcar varias experiencias y estar acercándose a un punto en el que ya no se sabe que implica más allá de envejecer. El momento en que la esperanza de vida aumentó y que las sociedades evolucionaron sus creencias y sus conceptos jurídicos y de penalidades, creamos una distorsionada línea vital que pone fuera de la cotidianeidad a esa sombra que es la muerte; esto repercutió tanto que nuestra capacidad de enfrentarla cara a cara se volvió imposible cuando se dejó de hablar de ella. En cambio hemos sustituido la verdadera visión cultural de ella por una más liviana que se expresa por los medios televisivos, el problema radica en que aquellos que atiendan a la información que provenga de ese aparato permita una visión obnubilada por completo y paradójicamente mientras evitamos hablar de ella por temor al impacto que ocasionemos en otras personas, estamos permitiendo que esa información contaminada con violencia generé en aquellos sin experiencia previa más ansiedad. Por ello la muerte (concepto biológico o espiritual) es tan rechazada socialmente porque atenta contra aquello que existe, que es, el mundo material del que somos sujetos a diario, nos aleja del concepto real, de lo “seguro” irónicamente y también de aquello que es predecible.


Es una idea tan debatible y tan manipulable que se vuelve en una figura sin forma y entrópica que existe en todas partes pero que nadie puede entenderla; todo porque a lo largo de las civilizaciones mientras alguien en Europa del siglo XVIII veía con agrado a alguien morir de sed, insolación, frío o hambre dentro de una jaula de hierro en el exterior de un palacio ducal, hoy en día alguien ve con desagrado la ejecución de una persona por medio de una inyección letal con Cloruro de Potasio o desaprueba rotundamente la eutanasia, lo que se considera etimológicamente como la “buena muerte” por ευ (eu - buena) y θανατ (thanatos - muerte). Mientras alguien clamaba por el sacrificio de una persona tirándose al fondo de un enorme cenote o siendo degollada hoy en día hay quienes claman por su derecho a morir, generándose movimientos en pro del suicidio colectivo y demás.


A estas alturas la muerte es un concepto social que todo mundo quiere mantener callado, tanto que la eutanasia definiéndose como un acto practicado por acción u omisión que tiene como fin provocar la muerte de un individuo cuya enfermedad incurable le produce sufrimiento físico o mental intolerable, es producto de batallas políticas entre argumentos éticos, jurídicos y médicos y que aún hoy pocos países como Colombia la han legalizado o despenalizado cuando en la mayoría de los continentes se considera ilegal. Por todo esto y otras visiones más la vida nos exige culturalmente que le dediquemos menos tiempo a la muerte y sus asuntos, porque morir perjudica a la productividad y el mundo industrial no desea esa calidad de individuo, porque la tristeza de una pérdida debe resolverse de inmediato, porque el mundo real, de lo que es y existe exige cuerpos sanos y mentes limpias de los que trabajan para su sustento y crecimiento. En esta vida y particularmente en esta sociedad se exigen cantidad de sacrificios que incluyen desconocer la muerte como parte de este mundo y arrumbarla en el arrabal de otro que no conocemos ni queremos entender del todo, porque nos obligamos a cerrar los ojos cuando el sol muere en el ocaso retirándose con cada anochecer y solo abrir los ojos a un mañana que lo ilumine todo, pasa cuando en cada otoño se celebra el funeral de toda esa naturaleza muerta y todo mundo de lo animal calla, pero se hace una celebración alegórica y vibrante cada primavera que vemos renacer el mundo de lo vegetal. Y tristemente aunque el significado de la muerte se expresa claramente en vida, solo nos permitimos ser capaces de ver lo que los demás han querido que veamos, no más allá. Mi cultura y la sociedad en la que nací tiene tal vez un concepto más abierto hacia la muerte que otras sociedades, tenemos nuestras celebraciones y convivimos con nuestros muertos dentro de las fechas esperadas, pero fuera de eso sigue siendo el mismo concepto informe; siendo que en la muerte hay mucho más que entender de la vida, siendo que en la evitación o la maquillada juventud con que queremos vestirla o destilarla por el drenaje de lo ajeno, en esa tanatofobia tan estresante, cada día la entendemos menos. El momento en que la entendamos como es, como lo que es y no como lo que pensamos que “no es”, y sedamos paso a una entendimiento más abierto, entonces podremos comenzar a vivir, porque una postura coherente y sólida ante la muerte, como ante cualquier otro evento conflictivo de la vida humana, consiste en encararla, en tomar consciencia de ella, conocerla hasta donde humanamente es posible, respetarla y observar frente a frente esa bestia informe que nos produce ansiedad es la fórmula exacta para librarse de ella y en todo caso para aceptarla. Considero la vida debe respetarse tanto como la muerte, la vida que intentamos entender cada día más y más también requiere de un concepto entendible de la muerte, y a pesar de tantos pasajes históricos y transformaciones sobre ella, nuestro conocimiento ha evolucionado y se ha civilizado pero no ha sido completamente entendido y en ocasiones se ha distorsionado por una visión “light” y comercial.


Rápidamente mientras en una visión libre, una introspección incompleta y una falta de cimentación se tenía durante la infancia, y se entendía de la muerte como un viaje, como un abandono cruel tal vez, el la visión de lo adulto implica complejidades más alejadas del concepto, puesto que a esa edad los niños no tienen una noción positiva o negativa ligada a ella hasta que la experimentan de cerca, sin embargo mientras más pasos avanzamos sobre esa arena movediza que es el crecimiento comenzamos a entender que algún día habremos de morir y entonces nuestros esfuerzos se evocan a la búsqueda de la vida y las experiencias antes de morir, a la búsqueda de seguridad, de confort y predicción, a la juventud y en todo caso a cualquier remedio médico o cuidado subjetivo que nos garantice extender la vida o por lo menos hacer nuestra transición de ella menos dolorosa, menos complicada o quizá nos asegure felicidad en otro sitio luego de dejar ocupar la tierra. El adolescente a diferencia del adulto le suele otorgar una visión más romántica pero igual de incompleta, como la visión de “morir por un ideal”, y puesto que son jóvenes manejan una fábula personal y egocéntrica que los lleva a conducirse imprudentemente porque tenemos la visión que la bandera de la juventud es la expresión de la vida y parecemos estar muy lejos de un horizonte mortal. Después un adulto intermedio y común en el que nos convertiremos con el devenir temporal, es el momento en que la defunción de nuestros progenitores nos instala en el corazón un sentimiento real de que de verdad habremos de morir, es la certeza de la muerte en nuestros corazones y concluimos que algo debe dejarse, algo debe legarse a los que vienen y escribimos interminables cartas en cajas de antaño, en papeles viejos y amarillos roídos por la oxidación del olvido y fabricamos complicados testamentos, como queriendo testificar que alguna vez existimos. Y pronto la ansiedad crece, porque desconocemos lo que viene y observamos otros datos que nos acosan como algunos obituarios con el nombre de algún conocido contemporáneo, y entonces, sólo entonces que vemos que son menos los años que nos quedan y más los que hemos vivido es cuando ponemos más empeño a vivir y quitarnos años de encima –inútilmente-, tenemos una sensación límite de vértigo que nos impulsa a hacer grandes cambios evitando a toda costa ese sentimiento de frustración, de desesperanza y vacuidad.  Finalmente en algún momento en que ya nos encontramos envejecidos nos enfrentamos a un mundo distinto donde lo que se cree, ya no se cree como antes, lo que antes vivía y convivía con nosotros, ya no está, parece distinto, irreconocible y perturbador, y ante un mundo repleto de vida y de esos seres vivientes que fueron significativos en algún punto ya han, sin decirlo literalmente, desaparecido. Entonces nos encontramos al borde de la decisión más difícil que es aceptar nuestra propia muerte. Es por esta razón que resulta tan complicado asimilarla, entenderla y conceptuarla, darle forma o magnitud, no es una empresa fácil y tal vez nunca lo llegue a ser, pero si hemos sabido darle provecho, si hemos sabido diferenciar la cantidad de la calidad de vivir, y le damos espacio a todos los eventos que debemos enfrentar cara a cara entonces será más fácil que una persona se construya un auto-concepto satisfactorio y estable sobre lo que es, y aceptarlo como es de manera tranquila y natural; esto también incluiría el duelo apropiado por aquellos que apenas van en camino de tener la certeza sobre la muerte y más que nada entender que aquellos que lo experimentan esperan de manera profunda que los demás aprecien la vida tal cual es. 


"Los  árboles esperan: tu no esperes,
éste es el tiempo de vivir, el único."
Jaime Sabines.
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