6 de septiembre de 2012

La invasión de la tristeza




Natalia nació un 25 de abril de no sé qué año, era blanca como la nieve y tenía dos grandes pedazos de cielo en la cara.

A su llegada al mundo las nubes grises cubrieron todo,  “Natalia trae desgracia” así decían los del vecindario…

Siempre enferma creció entre las cuatro paredes de esa habitación que quien sabe cuántos secretos alberga, sus únicos compañeros eran esos feos zanates que se posaban en el árbol que está frente a su ventana, ella los alimentaba con las migas de la comida que yo pienso le llevaban, colocaba su manita esquelética en la ventana para que las aves comieran.

Una noche escuchamos gritos aterradores provenientes de la casa de la niña esa, la verdad es que nadie quiso poner atención, ni ocuparse del problema, a mí sí me preocupaba Natalia, pues me envolvía el misticismo de su vida.

Después del incidente, pasaron varios días, no se veía movimiento alguno, todo lucia tranquilo, sólo la presciencia tétrica de Natalia no estaba presente en la ventana.

Los chicos decían que alguien había matado a sus padres y que sus cadáveres yacían en el interior de la casa en plena descomposición, mientras que Natalia agonizaba al pasar los días, por la falta del suministro de medicamentos. Sin embargo los mayores decían que eran problemas de familia. 

Caminando de regreso después del colegio, pase frente a la casa de ella, en efecto la duda me comía, de repente apareció la mano de Natalia y admire sus pedazos de cielo, ¡qué ojos tan hermosos! Al instante los zanates se acercaron a ella para comer pero no había nada en su mano, vi como comenzaban a quitar la piel que ya casi tenía pegada a los huesos, Natalia no se quejaba, incluso creo que ya no sentía, el impacto me llevo a mirarla fijamente, era como si me dijera en silencio que necesitaba ser parte de esas aves para ser libre por lo menos una vez y vivir en seres ajenos, en un instante todo se cubrió de plumas negras, me era imposible distinguir los cuerpos de los zanates, Natalia estaba siendo devorada por ellos.

Me fui corriendo con el asombro en las venas, llegue y se los conté a todos, pero ellos dijeron que horas antes habían visto salir a sus padres junto con ella de la casa, llenando con maletas el auto, yo jamás lo creí, yo vi como Natalia se integraba a su libertad y como el sol salía al dejar de sentir esa enorme invasión de tristeza.

Es una escena difícil de borrar de mi cabeza, me pregunto: ¿Dónde estás Natalia?







-JPS-
Con la colaboración de Gabo Montaño

4 de septiembre de 2012

Quirugi-rónico

Para Yuvia, por la inspiraçao

Jonás Rentería, favorito de su generación, brillante- aunque presumido- soberbio jactándose de ser el más brillante de sus colegas, el que, no importa cómo, sacaba dieces al por mayor en todas sus materias; quizás muchos de los profesores que le dieron, temían darle un nueve o algo menos- en parte por el apellido Rentería que se cargaba, y que coincidía con el de muchos de los veteranos empresarios, rectores y políticos de la ciudad- por lo que el "Johny" como era conocido en los antros de la zona nice, era el predilecto.

En su examen profesional, se colocaron, patrocinadas por cualquier fulano adinerado de su familia, charolas con fina delicatessen, vinos caros, música en vivo detrás del recinto, prensa y familiares, y familiares de otros familiares, y amigos de políticos familiares, y cuanta gente pudiente vendría a recibir al futuro Doc. Jonás.

Los sinodales, elegidos por el asesor de imagen del Jonás, fueron nada más y nada menos que sus compadrotes el Doctor Salgado, el Doctor Ceballos y, de último momento, debido a que canceló la Cirujana Saborido, la temible doctora Bernal, misma que debió soportar las humillaciones de Jonás Rentería, su ego desmesurado, sus amenazas de no justificarle faltas o ponerle llamados de atención.

la Dra. Bernal sabía que en sus manos se encontraba la posibilidad de romper al sistema de compadrazgo, de vengarse de las atrocidades y evitar, ya frente a muchas cámaras, mediante la demostración, que un doctor no escalaba con apellidos y poderío.
Los sinodales se prepararon para preguntar, por cortesía, primero las damas. Cámaras encendidas, familiares en silencio, no hay nerviosismo para algunos - decían- nada puede salir mal.

La doctora Bernal se prepara, remoja sus labios con la lengua, mira con sigilo al mismo que la llamó mediocre, pobre. Entonces preguntó:

-Doctor Rentería, dígame usted el procedimiento completo para extirpar el apéndice de un caballo.

Jonás, experto en la adulación y el echar verba, no contaba con aquella pregunta, ya había ensayado con los docs, amigos de su tío, las respuestas de los otros sinodales, pero la de ésta, imposible... recordar, recordar alguna clase, procedimientos, tirar rollo, ¿entró a disección? No, andaba de juerga con las gemelas en Ibiza, ¿cómo era la clase de especialidad animal? ni idea, esa noche andaba pedo...
Jonás abrió con seguridad los ojos, qué podría salir mal, se trata sólo de quedar bien con los reflectores, su éxito está asegurado, Jonás abrió la boca y su discurso, al mero estilo de un futuro presidente mexicano, fue algo así como:

-El caballo, un animal traido de, de, ¿las indias? híjole, viene de un lugar que no me acuerdo cómo, bueno, se debe más que nada adormecer, aneste, aneste, anesteciar, luego se le hará una incisión en su costado izquierdo, se debe checar su pulso, su presión, será un proceso de muchas horas, pero nada riesgoso, el caballo es un animal noble, y me encanta, yo he andado a caballo mucho tiempo, y, estem, pues necesitaremos pinzas, y ese quemadorcillo para que cicatrice pronto, yo creo que sí, algo así, y pues ya, ¿no? este... mmm, una vez que se quita, lo retiraremos mediante una costura.

La crítica extranjera, españoles y franceses que venían de curiosos por la cantidad de reflectores, entraron para presenciar el evento, y al escuchar su discurso pobre, al imaginarse los compadrazgos, miraron con repudio a los presentes, con excepción de la Dra. Bernal que dijo:

-No pasa, joven Rentería, para empezar usted no sabe anatomía, en la primer clase que tuvo conmigo, le remarqué varias veces que los caballos no tenían apéndice.

Sintiéndose mirado por los reflectores médicos del mundo, y avergonzado frente a sus poderosos parientes, el joven Jonás se fue casi llorando. Dicen que vive en Canarias, una vida de junior, bueno, al menos la ciudad se salvó de un mal doctor como él. En cuanto a la dra. Bernal, dicen que a ella se la llevaron a Europa, allá anda chambeando a todo dar.
Fotografía: Google
Extraída de Google.

mfd

2 de septiembre de 2012

Cantársela





Chapulín:  Animal, mitológico alado, incierto y fascinante,
fugitivo de infantes, inervado de inquietud,
con marcha rítmica de alegría exuberante,
que devora los sueños de los que duermen en plenitud.



“Tierra, Luna, Tierra, Sol…Esas son las fases de la luna. ¿Para qué nos pone eso? ¡le dijimos que no¡… Se ve blanca… ¿Algo que rime con gomita?...” Karicia se estaba cansando de los muchachos que ocupaban la mesa de atrás mientras esperaba un libro al que le sacaba copias. “¿Ya quitaste gomita?... Alejandra ya tienes novia nueva… ¡Ay wey!” Más risas escapaban del fondo donde estaban rentando una computadora. Un ventilador solitario falto de efecto para los días de las canículas giraba con el mismo ánimo de una sola batería triple “A”, Karicia giraba el cuello a su alrededor en un intento por estirarse la pereza por mientras que el encargado de blanco con su embonpoint de por medio le impedía atravesar entre dos maquinas copiadoras.


  • ¿Quómo te habes?... eso lo borraré, no tiene por qué estar en la presentación- Karicia se desesperaba un poco, tardaban demasiado en darle el libro y los muchachos no callaban sus juegos “¿Qué nos hace si la borramos?... Sol, luego Marina… Alteraciones en las ondas de radio… ¡Dile, tiene que saber!... Mándale una solicitud a Gomita… ¿Fotosíntesis es como auroras y australias?...”.  Karicia estaba a punto de levantarse para pedirles que guardaran silencio sin usar la típica onomatopeya que alude al silencio pero, sin querer al retirarse de su asiento derribó las copias de un joven que se acercaba a ella justo en ese momento.

  • ¡Perdón, no me fijé, lo siento!
  • No te preocupes, están numeradas, no tardaré en ordenarlas.- El encargado por encima del trabajo tintero de las impresoras y copiadoras miraba con reprobación al muchacho.
  • ¿No son de casualidad las de un libro que estaba esperando?
  • ¿A qué nombre dejaste tu pedido?
  • Aura Karicia.
  • No, este no es. ¿Qué esperabas?
  • Un libro que dejé, se llama… amm deja checo… se llama, El simbolismo real y religioso de San Jorge, el caballero de Capadocia.
  • ¿Eso donde te lo encargaron?
  • Nadie, es un libro que un amigo me prestó para sacarle copias y necesito regresárselo para antes de las seis.
  • Ah….- El joven pareció no interesarse mucho pero luego de un rato que los jóvenes ya se habían marchado, se acercó a Karicia que ya esperaba impaciente – Creo que se tardarán una hora más, ¿No quieres mientras ir a comer algo?
  • ¿De verdad?, humm… okey, ¿Dónde?
  • Hay una fonda al frente, se llama “Las vecinas”, la comida es buena.
  • Vamos con Las vecinas entonces- Rió Karicia con algo de timidez.





El muchacho se veía bastante simpático, en el sentido de que muchos hombres no pueden ser o verse simpáticos sin antes intercambiar algunas palabras con ella, muy a su sentido. Él amablemente se había ofrecido a ordenar y pagar por ella, de una manera tan curiosa que no le permitió a Aura ni siquiera levantarse de la mesa, se sintió algo halagada por las atenciones del joven. Al poco rato lo vio venir y sentarse en el mismo lado donde ella se encontraba sentada. Aura insistió en un poco más de amabilidad averiguando el nombre de él.

  • ¿Cómo te llamas?
  • Eli.
  • ¿Por Eliseo verdad? ¿Trabajas ahí en la copiadora?
  • Sí por Eliseo; algo así, mi tío Chava está ayudándome a pagar algunas cosas… Además patrocina un equipo mexicano de ajedrez que tenemos.
  • ¿Ah sí, cómo se llama tu equipo?
  • Sombras y Leños.
  • Jaja ¿Es en serio?- Eli se burlaba un poco, creo que el semblante de Aura tan fatigado de esperar le incitó hacerla reír por un rato.
  • ¿Por qué andas leyendo sobre San Jorge?
  • Un profesor nos lanzó una pregunta: ¿Cómo puedes comprobar que algo invisible existe?, ¿existe o es parte de algo mental, cuáles son los parámetros para determinar que algo existe?, Por ejemplo, si yo les digo… Veo un dragón, sí, al fondo del salón, ¿cómo comprueban que existe?… Nosotros nos quedamos tratando de desmentirlo, preguntándole: ¿De qué color es?, Rojo; ¿Vuela?, Sí; Pídale que haga algo, que se manifieste, Pues si no es fantasma. ¿Hace algún ruido?, no sé, pero yo ahí lo veo. Poco a poco concluimos que podíamos lanzarle algo encima para hacerlo visible o determinar por medio del calor su presencia, y no recuerdo que más, pero al final nos pidió investigar sobre San Jorge y su supuesta lucha contra un dragón, y determinar que tan real era la leyenda.
  • ¡Qué ejercicio tan curioso!.
  • Si lo sé, y no ha sido lo más raro, constantemente nos cuestiona sobre que tan real o que tan falso es algo, por ejemplo sobre si la uña de gato cura el cáncer, o si es mejor las pastillas de alacrán azul.
  • Me suena a algo familiar que viví, dejé de ser escéptico hace algunos años, pero hace algún tiempo acompañé a mi abuelo Galo a con una gitana, le decimos Galo pero se llamaba Galeufel.
  • Qué raro nombre, ¿por qué le pusieron así?
  • Porque era una combinación de los nombres de sus padres y su hermano mayor; Galinda, Eusebio y Felix. Bueno, fui con mi abuelito Galo con una gitana que vivía en una casa en la que siempre dijimos que espantaban, le hicieron una lectura y le dieron unas nueces gitanas. Sabíamos que esa señora era de las buenas gitanas porque cobraba lo que quisiera uno darle, y pues los malos gitanos te cobran hasta lo que no. Ella le dijo que a su casa llegarían extranjeros desde el otro lado del mundo y que su hijo se casaría con uno de ellos. Mi abuelo Galo guardó sus nueces gitanas en la repisa más alta del ático que tenía en la vieja casa, y pocos años después, mi tío Chava, que entonces era delgado, se enamoró de una mujer japonesa, cuyos padres fueron a cenar a la casa.
  • Yo sigo escéptica de esas cosas sobre el destino, los fantasmas y los tratamientos alternativos, pero cuando suceden ese tipo de cosas que no puedes explicarte como funcionaron, lo primero que me decido es a investigar a fondo.
  • Hay cosas que podrías investigar, pero no significa que encuentres la respuesta siempre, o al tiempo que la necesitas- Karicia empezaba notar una peculiaridad interesante en su interlocutor.
  • Di algo simple pero profundo – Dijo con más simpleza, atañendo a la idea de haber entablado un poco más de confianza.
  • Raspa de coco – Sonrió levemente Karicia, ya no sabía si él estaba jugando con ella o hablaba en serio.
  • ¿Qué tiene eso de profundo?
  • Depende, tal vez nada para ti en este momento pero, para mí es algo que en cierta forma es parte de mi ser, es algo con lo que puedo contar siempre que algo me moleste aunque claro no muchas cosas me molestan… sólo por diversión me relaja y me dejo ir, podría ser lo más cercano a la felicidad que puedo sentir porque no soy muy apegado a mis sentimientos en forma simple…  es algo mío y que nadie puede quitarme lo cual me hace feliz solo a mí.
  • Entonces… ¿te gusta mucho el coco?- Karicia creía que hablaba con un completo loco.
  • ¡Para nada!, lo odio pero amo lo que no me gusta, me aburre lo que amo; sólo porque no entienda algo voy a ignorarlo.
  • Pero entonces… será que me odias en realidad.
  • No… de hecho… me aburres demasiado.
  • ...- Karicia guardó un silencio tan especial, la sonrisa se le escapaba por en medio de su cabello revuelto, y ese coqueto sonreír parecía rejuvenecerla a pesar de su estado un tanto desgastado y revivir la tonalidad de su piel a través de la bata clínica. Eli y ella guardaron un silencio en que se miraron con una sonrisa bobalicona y en ese gesto Eli continuó hablando.
  • Por eso amo cuando alguien se complica.





Al poco rato mientras habían salido momentáneamente al patio alguien se acercó a Eli, un enfermero le había pedido que lo acompañara pues era hora de la toma de medicina en el psiquiátrico. Karicia se quedó viéndolo mientras caminaba hacia la sala del hospital del otro extremo del patio donde se encontraban. Al poco rato Karicia que se encontraba ahí mismo en el psiquiátrico se sentó al lado de Carlos, un hombre con el que le gustaba platicar a menudo y cuya enfermedad lo había llevado a pasar de una personalidad arisca a una más amable y abierta aunque con ciertos problemas psicológicos asociados y una secuela de alucinaciones que le hacían creer que era un pensador literario que había sido encerrado por órdenes del General  Maximiliano justo antes de que él naciera; por supuesto Karicia sólo se aproximaba a hablarle en sus estados más poéticos o filosóficos, a ella le parecía curioso el término de “enfermedad” no por el hecho de asignarle a alguien el estado de enfermo sino porque no existía contraparte que sostuviera la esencia de enfermedad, ¿quién estaba completamente sano y totalmente dentro de las virtudes de estar bien física, mental y socialmente?. Karicia se encontraba haciéndole unas preguntas a Carlos cuando Fer, otro de los inquilinos del psiquiátrico, se acercó con una especie de marcha rara.


  • ¡Karicia, háblele en inglés!
  • ¿Por qué Fer?
  • Ese bato, le juro, habla inglés, es más mire, aquí traigo una revista en inglés- Fer comenzaba a golpear el hombro de Carlos con la revista - ¡Ándele wey, léale en ingleis a la señorita!- Carlos sólo se limitaba a hacerle una seña negativa mientras permanecía callado y Fer insistía - Bueno está bien, pero fíjese señorita este señor, mi compota, habla inglés.
  • Karicia se había quedado sonriendo un rato, y Carlos esperaba que Fer se alejara un poco para acercarse a Karicia.
  • Karicia… no le haga caso… ese tipo, está loco.

Al poco rato, un enfermero se acercó a ellos dos y le hizo una seña a Karicia para que se levantara del pasto del patio.


  • Karicia ¿Cómo ha estado?, le di 5 minutos, ya es hora de su medicamento, ya lo sabe- Le dijo el enfermero ayudándola a levantarse.
  • Si Pepe, ya voy- Acto seguido se levantó sacudiendo el pasto que se le había pegado a la bata, avanzó por las escaleras de cantera por el piso frío y húmedo hacia el recinto. Adentro una de sus amigas la saludaba y enseguida ya se encontraba caminando al lado de ella.
  • Karicia, hola, hoy me pasó algo increíble.
  • ¿Qué te pasó Alicia?- Ella sólo seguía la plática de su compañera de cuarto.
  • Pues tú sabes, sí, sí sabes, soy una gata, hace rato me dejaron abandonada, y pues volé, pero no volé lejos porque necesito cuidar mi hogar, pero volé y ¡se sintió tan lindo!, aunque tuve problemas, porque yo escupo fuego por la boca sino me caen bien, y pues ahorita vine y el enfermero, tu sabes que es mi amigo, mi amigo, el ya me conoce y sabe que volé, pero bueno ya me tengo que ir, quiero seguir otro rato más.
  • ¡Ah Alicia, qué padre, no sabía!, sí nos vemos, cuídate.

Luego de eso el enfermero la hizo pasar a la sala donde se encontraba el mostrador, la enfermera del lado opuesto abrió la gaveta de archivos, saco un pesado archivo amarillento con el nombre de Aura Karicia encima con una etiqueta vieja y verde, mojó la punta de su dedo y pasó las páginas hasta llegar a las indicaciones terapéuticas.


  • Bien Karicia, son las seis, una de 3mg de… Haloperidol y… es todo, toma- Karicia tomó la solitaria pastilla del mostrador y con un vaso de agua la tragó. 

Acto seguido salió de nuevo, se acordó que no había recogido el libro al que le sacó copias y se apresuró corriendo al otro extremo del patio, tal vez ahora si recogería el libro e iría a la casa de su amigo a entregárselo antes de que en el psiquiátrico la obligaran a dormir; porque dicen, según ella, que tiene algo, pero hasta ahora se siente bien y lo único que parecía locura para ellos era que quisiera recoger las copias de un libro y sentía terriblemente que la maltrataran diciéndole que Eli no existía, pero ella sabía que sí porque lo veía todos los días y apenas hoy había podido hablar con él. De hecho se encontraba emocionada, sentía que Eli estaba a punto de Cantársela.






- TPR en colaboración con NV Gómez 


31 de agosto de 2012

Fuentes Centro, Salida, Plaza Ixta




El titulo del post alude a un letrero de un microbus que lleva a una colonia que antes frecuentaba mucho. Y siempre, siempre uno escucha algo como:

Ya era un poco tarde y casi no llego, ya casi cerraban. Has de cuenta que iba a media cuadra y de repente que me la encuentro, como que a quien? Pus’ a la Rosa, ya ves con eso de que su marido se fue para el otro lado pues anda viendo haber quien, y que no se cómo me meto a la tienda del Ángel para que no me viera, ya ves que desde la fiesta de la Iglesia, ese día del castillo, me anda siguiendo que dizque quiere hablar conmigo, porque has de cuenta que ese día me había dicho ella que no iba ir a la fiesta… la feria, esa cosa, porque estaba triste porque se cumplía un mes de que su marido se había ido y que pues lo extrañaba, eso me lo dijo una noche antes, y ya ándale que despuesito me dice que pues hay cosas que si hacen falta no? Si me entiendes, que como que si extraña a su marido pero anda midiéndole el agua a los camotes, y pues no mames me dio miedo cabrón, que tal que su marido se entera o que ella se enamora pues para que quieres.

Pero le seguí la corriente, ya ves, como es uno, y ya pues yo le dije que si que por mientras ella se buscara compañía, pero le dije así para que no sonara tan de madrazo, porque si más ahorita con las aguas hace frío en la noche. Y ya después le dije que la veía en la feria, y pues como ella ya me había dicho que no me lo dijo otra vez, y ya le dije que si era cierto y ya después… aguanta ahorita te acabo de contar lo otro, pues nomás para ver si iba, y si fue, y ya me dijo el Kano que me andaba buscando y ni madres que me voy con la Carmen y ellas, ya ves que no se llevan… no mames no sabías? Que no ves que ese día de la fiesta del Cruzly la Rosa se le pudo al peso a la Lupe, la prima de Carmen, la que es sobrina de la señora que vende los calcetines en el tianguis, la que se pone como a tres puestos de la mamá de la Vero… oye si no mames que culero, pero se le murió su niño porque le dio esa madre, el del estomago, el cólera… como que porque? No ves que se le cayó a la cisterna y pues estaba llena de pura agua sucia con esto de que ha llovido y se desbordo el canal, en serio… pues sí, mira a mi tía se le lleno su casa hasta la altura de la tele, has de cuenta como un metro y medio, pues ya fuimos a ayudarle a sacar sus muebles, lo bueno que acá en tu casa no se nos metió el agua, total te digo que la Rosa ya andaba acá pipas y que va y le echa bronca a la Carmen… digo la Lupe que porque se estaba burlando de que su marido no estaba en el gabacho sino que lo habían visto ahí por la Nueva Atzacoalco vendiendo ropa, y pues no se pero al chile yo ya lo había visto…

Pero porque te estoy contando esto? ah sí en la feria pues que me ve y pues como estaba con esas morras no se me acerco, y así hasta este día que te digo que ya  se me hacia tarde y que me entuzo en la tienda del Ángel, ya le tuve que comprar un cigarro y ya me salí y ya no estaba, y ya que me formo, en eso que pasa la patrulla y que hace la pinche rutina esa de la revisión y que a la señora que estaba frente a mí que le cachan el chingo de mota, neta, acá bien pro la doña, que ya después vi que era la tía de la Carmen, o sea la mamá de Lupe.

-Neta? En donde fue todo esto- Interviene un tercero

Ayer en la cola de las tortillas.

-Y que hiciste?-

Compre tres kilos de masa para hacer sopes.

-Y contaste tanto para eso-

Es que los sopes de mi tía Martina son otro pedo, has de cuenta…

-Y la Rosa?-

Pues ya nos juntamos.

-Ah chinga cómo?-

Es que no me dejas terminar, has de cuenta que el puesto de mi tía Martina…



Y así hasta el infinito y uno nunca sabe cómo ni por qué. De todo.

Creo que no tiene que ver mucho con el tema.

Fin.


-Alejandroni-

28 de agosto de 2012

Mi abuelo Domingo.

No era Lunes, no era Martes, cuándo Domingo conoció a Lucila, el tiempo había perdido forma. Está historia tampoco es un cuento de amor, ni de luces o sombras. Es la historia de mi abuelo Domingo al que conocí mucho después de su muerte.

No hay datos certeros pero mi abuelo Domingo nació en Santander España; cuándo niña, pensaba que mi abuelo Domingo era banquero, por eso de su nacionalidad. Murió teniendo la suficiente edad como para dejar este mundo ávido de vida.

Fue el ánimo de cambio de Francisco Franco que logró que el destino sincronizará momentos y Domingo pudiera conocer a Lucila, en quién sabe dónde y quién sabe como. Pero su amor era mucho, eso sí. Digo que fue Franco, pero olvidé mencionar la guerra interna que obligó a muchas personas (entre ellas, mi abuelo Domingo) a huir a otros países bajo el título de 'refugiados'. Claro que sabemos que México siempre ha sido una gran cobija  y fueron cientos de Españoles que vinieron a dar por nuestras tierras.

Y el amor  fue mucho pero ni con eso lograron que la matriz de Lucila pudiera conceder un hijo. Así que en la historia entra un tal Miguel, que según Magdalena es mi padre. Y Miguel fue cabroncito, viviendo y muriendo Lucila. Miguel fue cabroncito como Martha, Christian, Luis y Lucila (Lucila junior). Y mi abuelo Domingo soporto las cabronadas de Miguel porque lo amaba mucho, Miguel en el fondo no se dejo querer porque conocía su condición de adopción.

Antes, antes del temblor del 85, sólo conoció a tres de sus nietos a los que sí no fuera por su pequeña edad, hubiera llenado su mundo de dinero, a manos llenas, dicen. Al final mi abuelo Domingo dejó los lentes de botella a un lado, cerrando los ojitos para siempre.

Yo lo conocí hasta ayer, cuando apareció a lado de mi cama, a las dos o tres de la madrugada. Se sentó y toco mi cabeza como lo haría Miguel.

Me pidió que le dijera a mi padre cuánto lo había amado, asentí.

Le pedí que le dijera a mi padre cuánto lo amaba, asintió.





Domingo no era Lunes o Martes, tampoco Miércoles, ni Jueves, pero bueno... era 
MI ABUELO DOMINGO, al que conocí apenas ayer.

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